
Redacción Central de La Pluma Viral.
La situación del camino de acceso a Ranchillo Viejo expone una realidad que ya no admite excusas: transitar por allí se convirtió en una verdadera odisea. El estado de la calzada es deplorable y, según denuncian los vecinos, directamente no se puede circular con normalidad.
¿Quién se hace responsable de este abandono?
Esta vez, el Ejecutivo provincial no puede esconderse detrás de la lluvia ni utilizar las condiciones climáticas como argumento para justificar lo injustificable.
El deterioro de los caminos, la falta de mantenimiento y la ausencia de respuestas oficiales son problemas que requieren gestión, planificación y, fundamentalmente, responsabilidades.
Mientras tanto, los habitantes de Ranchillo Viejo (zona este de la provincia de Tucumán), deben soportar las consecuencias de un Estado que parece no llegar cuando realmente se lo necesita.
¿Cuánto dinero se destina a organizar eventos, festivales y celebraciones mientras existen comunidades que ni siquiera cuentan con caminos transitables?
¿De qué sirve una agenda cargada de actos y fotografías oficiales si después los vecinos tienen que padecer el abandono de la infraestructura más básica?

Gobernar no es solamente organizar festivales, cortar cintas o aparecer en los escenarios. Gobernar también es garantizar caminos transitables, servicios esenciales y condiciones dignas para quienes viven en el interior de la provincia.
Ranchillo Viejo no necesita discursos ni promesas. Necesita máquinas, obras, mantenimiento y funcionarios que se hagan cargo.
Porque cuando el Estado está ausente, los que pagan las consecuencias son siempre los mismos: los vecinos.



