Fronteras de Tucumán, un queso gruyere narco.

Tucumán, el "Operativo Lapacho" y el blindaje de Jaldo ante el avance del narcotráfico. En la imagen aparecen el ministro de Seguridad, Eugenio Agüero Gamboa; el fiscal federal Rafael Vehils Ruiz —quien archivó la causa PROCELAC por el cobro millonario de fondos— y el jefe de Policía, Joaquín Girvau. La gestión del gobernador Osvaldo Jaldo busca fortalecer su imagen ante una crisis de inseguridad que parece no ceder.

El gobernador Osvaldo Jaldo tiene una habilidad asombrosa para la épica de cotillón. Cada vez que Gendarmería —porque seamos sinceros, no es la policía provincial— encuentra un cargamento, Jaldo aparece en escena como si él mismo hubiera estado en la ruta con el chaleco antibalas. «Somos los que más secuestramos», dice, con esa cara de póker que solo tienen los que creen que el relato puede tapar la mugre debajo de la alfombra.

Pero, gobernador, le tenemos una noticia: el «Operativo Lapacho» es un colador. O, mejor dicho, nuestra frontera es un queso gruyere.

Mientras Jaldo se pasea por los medios inflando el pecho por estadísticas que nadie puede comprobar —porque, seamos honestos, no hay un solo dato oficial sobre el total de lo que entra, solo vemos lo que «cae» de casualidad—, la realidad lo deja en ridículo.

El negocio ya no es un quiosquito; es un trípode de alta precisión que combina drogas sintéticas, marihuana y toneladas de cocaína. Una industria diversificada que opera ante la pasividad de una gestión que prefiere la foto a la investigación seria.

La Fiscal de Estado Gilda Pedicone de Vals, el cuestionado Federico Masso Ministro de Desarrollo Social de una de las provincias más pobres del país junto al Gobernador Osvaldo Jaldo. Hay material entre los hallazgos entro del cargamento y junto a las drogas. Todo en investigación.

¿Y qué pasa en la frontera? ¿Quién cuida el queso gruyere tucumano? Porque si Gendarmería no estuviera haciendo el trabajo de hormiga que el Ministerio de Seguridad provincial parece ignorar, esto sería Sodoma y Gomorra.

El fiscal federal Rafael Vehils Ruiz, mientras tanto, hace lo que puede con lo poco que tiene. El hombre navega un mar de complicaciones, denunciado ante el Procurador General de la Nación cargando con el lastre histórico de haber archivado en su momento la causa PROCELAC, aquella que investigaba el cobro «por ventanilla» de millones por municipios clave: Monteros, Lules, Banda del Río Salí y, por supuesto, Famaillá.

Famaillá, el epicentro del desastre, el lugar donde la droga se siente más cómoda que en su casa.

Condenado por Abuso sexual, José “Mellizo” Orellana en el Partido Justicialista en una reciente charla de liderazgo ante un anfiteatro colmado.

Ahí mismo, en ese epicentro, tenemos a José Orellana. El hombre, con una condena por abuso sexual a cuestas, ahora aparece reciclado como «coaching» político, paseándose como si su prontuario fuera un simple error de tipeo.

¿Nadie tiene memoria?

¿A nadie le hace ruido que, en la misma zona donde la droga corre a sus anchas, los referentes políticos tengan un historial tan manchado?, ¿o es que en Tucumán el abuso y la droga son solo gajes del oficio para escalar en la política?

La prueba de este desmadre es la reciente detención de Rodrigo «Icha» Chávez, un ex candidato a concejal de Famaillá y empleado suyo, gobernador, encontrado con casi media tonelada de cocaína en una camioneta cargada de banderas políticas.

No era un turista despistado, era un engranaje más de una maquinaria que recluta gente vulnerable para armar ejércitos narcos, -según afirma Vehils Ruiz-, mientras los funcionarios tucumanos se peinan para la cámara.

Si hoy secuestramos 470 kilos o 200 kilos de marihuana, la pregunta que no lo deja dormir, gobernador, es:

¿Cuántas toneladas están pasando mientras usted juega a los soldaditos con el Operativo Lapacho?

Tucumán no es un bastión contra el narco, es el patio trasero donde se cocina la droga que inunda el país. Deje de mirar al costado y, sobre todo, empiece a mirar el espejo, porque la imagen que devuelve ya no es la de un gobernador exitoso, sino la de alguien que preside un colador institucional mientras el país se pregunta hasta cuándo va a durar este banquete.

Señor Osvaldo Jaldo, Tucumán no necesita más relatos. Necesita que alguien se ponga los pantalones, porque el queso gruyere ya no tiene más lugar para tantos agujeros.