
En la política argentina, y particularmente en el interior profundo de nuestra provincia, las candidaturas no suelen nacer de debates ideológicos ni de plataformas programáticas. Nacen de la oportunidad, del «ruido» y, sobre todo, del despliegue escenográfico. En Bella Vista, la «Ciudad de las Palmeras», el escenario político acaba de recibir una nueva escenografía. Y el protagonista parece tener placa, uniforme y, según dicen, aspiraciones de despacho municipal.

Joaquín Girvau, el actual jefe de la Policía de Tucumán. La puesta en escena del oficialismo en Bella Vista: ¿Es el despliegue policial la antesala de la candidatura de Girvau?
Desde hace semanas, su nombre no para de rebotar en los pasillos del poder y en las esquinas más concurridas de Bella Vista. Que «suena», que «es el hombre», que «tiene el visto bueno». La danza de nombres es el deporte favorito de la rosca local, pero lo de Girvau no parece ser un simple rumor de café. Es algo que se está cocinando a fuego lento, con la bendición implícita de quienes manejan las estructuras en el oficialismo provincial.

El desfile de la ostentación. Bella Vista imponente desfile de la mas de 1500 efectivos policiales.
Pero ¿cómo se lanza una candidatura en el siglo XXI? Ya no basta con un pasacalle o un asado con los punteros. Se necesita impacto. Y el impacto llegó esta semana, durante los festejos por el Día de la Bandera.
Lo que debía ser un acto patrio, un momento de reflexión sobre nuestra enseña nacional, se convirtió en una demostración de fuerza. Más de 1.500 efectivos policiales coparon las calles de Bella Vista. Un despliegue monumental, una puesta en escena que, lejos de pasar inadvertida, dejó a los vecinos preguntándose si estábamos ante un desfile cívico o ante la antesala de una campaña política.
¿Hace falta tal cantidad de uniformados para celebrar el 20 de junio en una ciudad como Bella Vista?
La pregunta es retórica. La verdadera utilidad de ese despliegue no fue la seguridad, fue la visibilidad. «Mírenlo, ahí está el Jefe», parecía decir el subtexto del operativo. Un mensaje claro, contundente y con todos los recursos del Estado puestos al servicio de la construcción de una imagen pública.

Jaldo y la construcción del «Salvador». De la jefatura policial a la intendencia. La estrategia de comunicación del Gobierno de turno impulsando a Girvau a la política. Lo que dejo el masivo despliegue de las fuerzas policiales en Bella Vista.
La estrategia es vieja como la política misma: colocar al encargado de la seguridad (un tema que preocupa y ocupa a la ciudadanía) como el gestor capaz de ordenar el caos. Si Girvau puede comandar a miles de hombres en un desfile, ¿cómo no va a poder manejar el municipio? Esa es la lógica que intentan vender.
Mientras tanto, en la ciudad ya se habla de la agrupación «La Joaquín». Los espacios se conforman, los apoyos se nuclean y el aparato empieza a aceitarse. Desde su entorno, como marca el manual del buen candidato, mantienen la cautela: «Está enfocado en la gestión», repiten. Pero todos sabemos que, en política, el que avisa no traiciona, y el que muestra, también está avisando.

Bella Vista se prepara para un futuro electoral que ya tiene, al menos, un candidato que no necesita presentaciones. Solo necesita cámaras, un desfile multitudinario y la bendición del gobernador.
El tablero está servido. La pregunta, ahora, es si el electorado de Bella Vista comprará esta puesta en escena o si, como dice el refrán, «no hay fuerza policial que pueda esconder una intención electoral» cuando la gente ya decidió otra cosa.
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