“JUAN MANZUR GOBERNADOR 2027”. La consigna apareció pintada en distintos puntos de la provincia y dejó al descubierto algo que, puertas adentro del peronismo tucumano, muchos prefieren no decir en voz alta: Juan Manzur ya puso primera en la carrera electoral rumbo a 2027.
La pregunta incómoda es otra: ¿nadie vio nada?
¿No lo vieron los intendentes? ¿No lo vieron los delegados comunales? ¿No lo vieron los punteros políticos que conocen cada esquina de sus territorios? ¿Nadie advirtió quién pintaba las paredes con el nombre del exgobernador?

Resulta difícil creer que semejante despliegue haya ocurrido bajo la mirada de un sistema político que, cuando quiere controlar una actividad, sabe perfectamente dónde está cada militante, cada dirigente y cada estructura territorial.
Pero cuando aparecen las pintadas electorales, parece que todos se vuelven ciegos, sordos y mudos.

El silencio también es una respuesta
En la política tucumana existe una vieja tradición: una cosa es lo que se dice delante del jefe y otra muy distinta lo que se hace en la calle.
Delante del escritorio del patrón puede haber discursos de lealtad, fotografías, abrazos y promesas de acompañamiento. Pero cuando llega la hora de caminar el territorio, aparecen las verdaderas convicciones.

Y si las paredes comienzan a gritar “Manzur gobernador 2027”, alguien está diciendo algo.
Manzur no necesita, por ahora, lanzar oficialmente una candidatura para comenzar a medir su fuerza. La pintura en las paredes funciona como una señal política: poner el nombre, instalarlo y observar quién reacciona.
Y hasta ahora, la reacción más llamativa parece ser el silencio.

La interna peronista ya empezó
Mientras algunos ministros de su escritorio hablan de unidad, acuerdos y tiempos electorales, las paredes parecen tener un calendario diferente.
El 2027 todavía está lejos, pero en Tucumán la disputa por el poder ya comenzó.
El problema para quienes pretenden desconocerlo es que las candidaturas no solamente se anuncian en conferencias de prensa. También se construyen con territorio, militancia, estructuras y, fundamentalmente, con capacidad para instalar un nombre.

Y Manzur acaba de hacerlo.
La escena deja además una paradoja: dirigentes que públicamente pueden mostrarse alineados con el poder de turno, pero que en la calle podrían estar jugando otra partida.
Porque en política, muchas veces, las paredes hablan cuando los dirigentes callan.

¿Quién dio la orden?
La pregunta queda flotando y merece una respuesta política, no solamente policial o administrativa.

¿Quién está detrás de las pintadas?
¿Son militantes espontáneos? ¿Es una estructura organizada? ¿Es una señal del propio espacio de Manzur? ¿O simplemente alguien decidió adelantarse a todos y comenzar a instalar la candidatura?

Lo concreto es que el nombre ya está circulando.
Y en política, cuando un nombre empieza a aparecer en las paredes, difícilmente sea por casualidad.

Manzur puso primera.
Ahora habrá que ver quiénes se suben al vehículo, quiénes se quedan mirando desde la vereda y, sobre todo, quiénes dicen una cosa delante del escritorio del patrón y hacen otra cuando salen a la calle.

En Tucumán, la carrera hacia 2027 ya comenzó. Y esta vez, las paredes fueron las primeras en avisar.





