Redacción del Diario la Pluma Viral.
El peronismo tucumano empezó a mover sus piezas debajo de la mesa. Mientras la Casa de Gobierno busca ampliar su armado territorial, el manzurismo mantiene abierta la discusión judicial sobre una eventual reelección de Osvaldo Jaldo. En la Capital, las fotos hablan: Chahla recibió a Cisneros, Jaldo se reunió con bomba tucumana (que también por la gestión de German Alfaro) y los viejos adversarios comenzaron a tantearse. Nadie confirma un acuerdo, pero todos parecen estar negociando.
Las paredes del peronismo tucumano comenzaron a hablar.
Y cuando las paredes hablan, generalmente es porque en las mesas donde se toman las decisiones ya no alcanza con guardar silencio.
Durante los últimos días se multiplicaron los contactos, reuniones reservadas, movimientos territoriales y fotografías políticas que difícilmente puedan considerarse casuales. El oficialismo que hasta hace poco parecía atravesado por una frontera infranqueable empezó a mostrar algunas grietas.
No necesariamente para construir una unidad. Todavía no.
Pero sí para explorar hasta dónde puede llegar un eventual desentierro dentro del peronismo tucumano.
Los contactos entre sectores vinculados al gobernador Osvaldo Jaldo y al senador Juan Manzur existen, según versiones coincidentes recogidas entre dirigentes de ambos espacios. Eso no significa que haya un acuerdo electoral en marcha. Mucho menos que los antiguos compañeros de fórmula hayan decidido volver a caminar juntos.
Pero algo cambió.
Y en política, a veces el cambio comienza justamente cuando los adversarios vuelven a hablar.
El escenario continúa cargado de tensión.
Jaldo había descartado públicamente cualquier acuerdo electoral con Manzur de cara a 2027. Sin embargo, detrás de las declaraciones públicas aparecen conversaciones que muestran que el tablero es bastante más complejo que los discursos.
El gobernador necesita construir un esquema territorial sólido para 2027.
Manzur, por su parte, conserva estructura, dirigentes y vínculos nacionales.

El problema es que ninguno de los dos parece dispuesto, al menos por ahora, a ceder protagonismo.
Mientras tanto, el peronismo nacional observa con atención una interna que puede terminar condicionando la elección tucumana.
La pregunta ya no es solamente quién conduce.
La pregunta es quién consigue llegar con mayor capacidad de negociación al momento en que haya que cerrar las listas; mientras en el día hoy el ejecutivo provincial le estaría faltando 140.000 votos.
Marcelo Herrera de Simoca, ¿Cubriría esa faltante?

Por lo tanto, el asaltante y actual legislador provincial Carlos Funez anunciándose por el sur tucumano de ser el ahijado del Osvaldo jaldo y proclamando la llave del triunfo del 2027.

La Corte Suprema aparece como otro frente de batalla
En el entorno manzurista vuelve a circular con fuerza la posibilidad de recurrir a la Justicia para discutir la eventual candidatura de Jaldo.
Según versiones atribuidas a dirigentes de ese espacio, existiría incluso una acción declarativa de certeza preparada para ser presentada ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Pero hay una advertencia importante: se trata de una versión política y no de una resolución judicial confirmada públicamente.
El asunto, sin embargo, alcanza para mantener encendida una de las principales discusiones del escenario tucumano: la posibilidad de una nueva candidatura del actual gobernador y los límites constitucionales que podrían discutirse alrededor de ella.
En Casa de Gobierno, mientras tanto, intentan transmitir tranquilidad y preparan su estrategia jurídica. La discusión electoral empieza así a tener un segundo escenario: el de los tribunales. Y eso transforma una interna política en una disputa institucional de mayor alcance.

Chahla-Cisneros: una foto que a más de uno se puso nervioso.
Pero si existe una fotografía que resumió el movimiento de estos días es la de Rossana Chahla y Carlos Cisneros.
La intendenta recibió al diputado nacional en su despacho y el encuentro fue presentado como una reunión de trabajo. Jaldo, lejos de cuestionarlo, respaldó públicamente el diálogo y dejó una frase que funciona como señal política:
“No sobra nadie, necesitamos de todos”.
Cisneros se había convertido en uno de los dirigentes enfrentados políticamente con el gobernador. Su acercamiento a Chahla vuelve a ponerlo en el centro de una negociación que puede tener consecuencias dentro del armado capitalino. Y hay algo todavía más evidente: en política, una fotografía publicada también es un mensaje.
La foto de Chahla con Cisneros apareció después de los encuentros reservados entre Jaldo y Germán Alfaro. Ambos movimientos fueron registrados esta semana y alimentaron las especulaciones sobre el reordenamiento del tablero provincial.

El oficialismo quiere sumar a todos, pero nadie quiere regalar territorio. Jaldo ahora habla de abrir las puertas. Chahla dialoga con dirigentes que hasta hace poco estaban en la vereda de enfrente.
Cisneros vuelve a acercarse.
Alfaro mantiene conversaciones con el gobernador.
Y mientras tanto, cada sector intenta conservar su propio territorio.
Ahí aparece la verdadera pelea.
Porque una cosa es hablar de unidad y otra muy distinta es repartir poder.
La Capital será uno de los grandes campos de batalla.
El oficialismo necesita ordenar candidaturas, concejales, legisladores, acoples y estructuras territoriales. Y cada dirigente que se incorpora a la mesa llega con una condición: pretende conservar o ampliar su cuota de poder.
Por eso nadie quiere quedar afuera. Y nadie quiere ser el que ceda primero.
Mientras el ministro Marcelo Nazur habla de tener el 99% del peronismo, los armados territoriales avanzan.
La aparición de nuevos nombres para competir en la Capital demuestra que la construcción electoral ya comenzó.

Gladys “La Bomba” Tucumana volvió a aparecer en el radar político y ya fue recibida por Jaldo.
También circula la posibilidad de que el ministro de Salud, Luis Medina Ruiz, tenga su propio espacio electoral. Y aparecen interrogantes alrededor del sindicalista Renée Ramírez.
Son movimientos que todavía no necesariamente configuran una lista definitiva, pero muestran algo evidente: la maquinaria electoral empezó a calentarse mucho antes de que llegue el momento formal de presentar candidaturas.
También se mencionan conversaciones entre dirigentes que alguna vez caminaron juntos y luego terminaron enfrentados.
- Domingo Amaya y Alfredo “Fredy” Toscano aparecen nuevamente en el tablero.
- Marcelo Nazur mantiene conversaciones con Hugo Cabral y Mario Leito.
- Cada movimiento parece pequeño.
- Todos juntos, sin embargo, empiezan a dibujar un mapa completamente diferente.
El verdadero poder está debajo de la mesa
El peronismo tucumano tiene una larga tradición de acuerdos de último momento.
Por eso sería apresurado anunciar una reconciliación entre Jaldo y Manzur. También sería ingenuo creer que las diferencias desaparecieron. Lo que existe, hasta ahora, es movimiento. Y mucho.
- Hay dirigentes que vuelven a hablar con quienes ayer eran adversarios.
- Hay fotos que hace meses hubieran sido impensadas.
- Hay reuniones reservadas.
- Hay negociaciones territoriales.
- Hay advertencias judiciales.
- Hay posibles acoples.
Y hay una elección de 2027 que empieza a ordenar —y también a desordenar— todas las ambiciones.
El peronismo tucumano sabe que una interna prolongada puede fragmentar su estructura.
También sabe que una unidad mal negociada puede dejar heridos en todos los sectores.
Por eso nadie quiere mostrar demasiado.
- Todos tantean.
- Todos escuchan.
- Todos negocian.
Y, sobre todo, todos miran qué hace el otro.
Las paredes comenzaron a hablar.
Pero todavía nadie quiere contar qué se dijo detrás de las puertas cerradas.
Y quizás ahí esté la verdadera noticia: el peronismo tucumano ya está negociando su futuro, aunque todavía no se anime a decirlo en voz alta.




