
Redacción de La Pluma Viral.
En Las Talitas, el contraste entre el discurso oficial y la realidad cotidiana de los vecinos vuelve a quedar expuesto. Mientras el municipio destina más de $161 millones a publicidad y que hablen bonito de los Najar, los ciudadanos siguen reclamando servicios básicos, infraestructura y obras que permitan enfrentar los problemas que afectan diariamente a la ciudad.
Uno de los principales cuestionamientos no pasa solamente por el monto destinado a publicidad, sino por la falta de transparencia sobre el destino concreto de esos recursos.
La partida presupuestaria no exhibiría un desglose claro que permita conocer cuánto dinero recibe cada medio y/o periodista, qué empresa factura, qué servicio presta y a quién corresponde cada peso de los fondos públicos Talitenses.

La pregunta es inevitable: ¿en qué medios se gastaron esos millones y cuánto recibió cada uno?
Los vecinos de Las Talitas tienen derecho a conocer hasta el último centavo. No se trata de una cuestión política: se trata de dinero público, proveniente de los contribuyentes talitenses.
Y mientras aparecen millones para publicidad y propaganda, la realidad de numerosos barrios muestra otra postal: calles afectadas por aguas cloacales, basurales a cielo abierto, problemas de infraestructura y una preocupante falta de obras pluviales de fondo.


El eslogan oficial podrá decir que en Las Talitas “sale el sol”, pero para muchos vecinos la realidad parece bastante más oscura: cuando llueve, aparecen los problemas de siempre y queda en evidencia la falta de una infraestructura preparada para soportar fenómenos climáticos cada vez más intensos.

¿Y el poncho?
En este contexto también surge otra pregunta que merece una respuesta pública: ¿con qué fondos se financian los regalos, eventos y elementos promocionales que llevan la imagen de la gestión municipal?
Si el municipio entrega ponchos u otros elementos con fines institucionales o promocionales, corresponde que explique cuánto cuestan, quién los compra, quién los factura y de qué partida presupuestaria salen.

Porque si fueron adquiridos con fondos municipales, no los paga la intendenta ni ningún funcionario: los pagan los talitenses con sus impuestos.
La discusión, entonces, no debería ser publicidad sí o publicidad no. La discusión es prioridades, transparencia y rendición de cuentas.
En una ciudad donde todavía existen reclamos por cloacas, basura, calles anegadas y obras pluviales insuficientes, gastar más de $161 millones en publicidad obliga a preguntar si las prioridades están realmente puestas en las necesidades de los vecinos.
Las Talitas necesita menos propaganda y más respuestas. Menos eslogan y más obras. Y, sobre todo, necesita saber dónde termina cada peso que sale del bolsillo de los talitenses.



