El impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB) es el principal motor de financiamiento de las provincias argentinas, llegando a explicar hasta el 90% de su recaudación propia. Sin embargo, es también el tributo más cuestionado por su impacto negativo sobre los precios, el crédito y la competitividad empresarial. Un reciente relevamiento de la Fundación Libertad expone las grandes asimetrías del país y ubica a Tucumán en el podio de las jurisdicciones con mayor presión impositiva.
El análisis de las alícuotas provinciales demuestra que la presión fiscal varía drásticamente según la jurisdicción, ubicando a Tucumán en el grupo líder de mayor carga impositiva. Si se toma el promedio general, Catamarca lidera con un 6,2%, seguida por Buenos Aires, Entre Ríos y Neuquén con el 6%. Inmediatamente después, completando el podio de los promedios más altos, se encuentra Tucumán junto a CABA, Córdoba, Chubut, La Rioja, Río Negro, Salta y Misiones, con una alícuota del 5,8%.
Al observar sectores específicos como el comercio minorista, Tucumán vuelve a posicionarse en lo más alto al aplicar la tasa máxima registrada del 5%, compartiendo este escalón con provincias como Buenos Aires, Córdoba y CABA. Esta fuerte presión tucumana contrasta de manera directa con las jurisdicciones de menor carga, como Santiago del Estero con un 3%, Corrientes con un 3,3% y Formosa con un 3,6%. Esta diferencia evidencia que una misma actividad sufre un castigo fiscal mucho mayor por el simple hecho de operar en territorio tucumano.
El sostén de las cajas provinciales
A pesar de sus distorsiones, el impuesto se mantiene inamovible por su peso vital en las cuentas públicas. Según Joaquín Aranguiz, economista de Fundación Libertad, las provincias obtienen en promedio un 60% de sus recursos de Nación y un 40% de recaudación propia, aunque con brechas enormes que van desde apenas un 5% de recursos propios en Formosa hasta más del 80% en CABA o Neuquén.
De esa recaudación propia, el 76% proviene exclusivamente de Ingresos Brutos, y en distritos como Salta o Misiones esta dependencia trepa al 90%. La Unión Industrial Argentina (UIA) coincide con este diagnóstico al calcular que este gravamen representa el 88,1% de los recursos impositivos provinciales, según datos acumulados al tercer trimestre de 2025. En términos macroeconómicos agregados, el impuesto representa entre 4 y 5 puntos del PBI nacional.
El «efecto cascada»: un golpe a los precios y a las exportaciones
El principal problema de Ingresos Brutos no radica únicamente en sus altos niveles de recaudación, sino en su diseño. Al gravar la facturación completa en cada etapa de la cadena productiva, desde el productor primario hasta el comercio minorista, se genera un «efecto cascada». El impuesto pagado en una etapa se convierte en parte del costo para el siguiente eslabón y termina acumulándose agresivamente en el precio final. El tributarista César Litvin advierte que una alícuota inicial nominal del 3% puede transformarse en un castigo de hasta el 12% sobre el precio en mostrador.
Este sistema, además de encarecer el mercado interno, castiga a la producción nacional y a las exportaciones. Al aplicarse sobre ingresos y no sobre resultados económicos, obliga a las empresas a tributar incluso si operan a pérdida. A su vez, este impuesto no se recupera al vender al exterior. Rodrigo Pérez Graziano, de Adefa, señala que en el sector automotor Ingresos Brutos y las tasas municipales llegan a encarecer en un 10% el valor de un vehículo exportado, lo que en la práctica significa exportar impuestos y perder competitividad frente al mundo.
Liderazgo mundial en asfixia fiscal
La situación argentina es anómala a nivel global. Un informe comparativo de la UIA sobre 30 países que concentran el 81% del PBI mundial revela que Argentina ocupa el primer lugar absoluto en carga por Ingresos Brutos y tasas municipales. El relevamiento destaca una particularidad local que configura una doble imposición única en el mundo: las tasas municipales argentinas se aplican exactamente sobre la misma base imponible ya alcanzada por Ingresos Brutos.
Si bien la presión fiscal tradicional de Argentina se ubica en el puesto 12 del ranking internacional con un 28% del PBI, la perspectiva cambia al considerar la economía real. Al ajustar este cálculo por la altísima informalidad laboral del país, la «presión fiscal formal» salta al 56%, consolidando a la Argentina en el primer puesto de la muestra en cuanto a asfixia impositiva sobre el sector productivo formal.
La alternativa: un «IVA provincial»
Ante la imposibilidad política y económica de que las provincias renuncien a su principal fuente de financiamiento, especialistas como Aranguiz descartan la baja de alícuotas y proponen reemplazar Ingresos Brutos por un «IVA provincial». Este sistema absorbería tanto Ingresos Brutos como las tasas municipales sobre las ventas, pero con una diferencia técnica fundamental: solo gravaría el valor agregado en cada eslabón productivo y no la facturación total.
Un diseño de estas características permitiría reducir el efecto acumulativo en los precios, facilitaría la devolución de impuestos a los exportadores y daría un trato más equitativo frente a los bienes importados, todo esto garantizando al mismo tiempo que las provincias mantengan el mismo nivel de recaudación y su distribución territorial actual./Perfil




