Manzur: de su foto con Cristina a mojarle la oreja a Jaldo.

El senador nacional Juan Manzur se metió de lleno en la política tucumana.

 Con caminatas, reuniones con vecinos y críticas frontales a la gestión libertaria, el exgobernador consolidó su estrategia opositora. El trasfondo: un mensaje directo a la Casa de Gobierno tucumana y una interna peronista que no da tregua.

El contraste no pudo ser más elocuente. Mientras la cumbre política nacional se cocinaba en Buenos Aires, el senador nacional Juan Manzur se metió de lleno en la política tucumana. Este sábado, el exmandatario provincial encabezó una caminata y mantuvo un nutrido encuentro con familias y referentes barriales en el municipio de Las Talitas.

La recorrida llegó envalentonada tras el cónclave que el legislador mantuvo con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Lejos de los formalismos institucionales, la jugada de Manzur busca posicionarlo como el articulador central de una oposición dura al modelo económico de La Libertad Avanza (LLA), pero con un correlato inevitable: marcarle la cancha a la administración provincial de Osvaldo Jaldo, que mantiene un pragmático y férreo alineamiento con la Casa Rosada.

Radiografía del desánimo social

Durante su recorrida por el barrio Las Tipas y el sector de las 93 Viviendas, Manzur recogió de primera mano la problemática de una economía doméstica que cruje. A través de sus redes sociales, el senador expuso el malestar generalizado que percibe en cada rincón de la provincia.«En cada barrio se repite la misma preocupación: la esperanza se está perdiendo, los jóvenes no encuentran trabajo y los vecinos nos comentan que no pueden pagar la boleta de la luz», disparó el exgobernador, poniendo sobre la mesa los flagelos cotidianos del ajuste nacional.

Para el manzurismo, cada boleta impagable y cada persiana baja en el comercio local son eslabones de una cadena de deterioro que la conducción provincial parece tolerar con demasiada comodidad.

De Buenos Aires a Las Talitas: la estrategia del «fuego cruzado»

El  político de Manzur tiene lectura múltiple. Su paso previo por el despacho porteño junto a Cristina Fernández de Kirchner sirvió para alinear la estrategia de resistencia al modelo de Javier Milei. En aquella reunión, ambos dirigentes analizaron el impacto negativo de las medidas nacionales sobre el empleo, las economías regionales y los bolsillos de los trabajadores, jubilados y estudiantes tucumanos.

La decisión de Manzur de pararse en la vereda opuesta a las políticas libertarias choca de frente con la estrategia de gobernabilidad que administra el actual mandatario provincial, Osvaldo Jaldo, quien optó por garantizar votos y gobernabilidad a la gestión nacional a cambio de aire financiero para la provincia.

Al convocar abiertamente a «unir a los peronistas y a todos los tucumanos que están en contra de las políticas de Milei», Manzur no hace más que trazar una línea divisoria de aguas dentro del peronismo local. El mensaje opera como una impugnación solapada a la complicidad dialoguista del jaldismo con la motosierra nacional, obligando a los dirigentes territoriales a definirse de qué lado de la grieta socioeconómica quieren quedar parados de cara al reacomodamiento electoral de 2027.

Con la mira puesta en consolidar su rol de contrapeso político y reorganizar las filas del justicialismo por fuera del paraguas oficialista provincial, Manzur demuestra que la tregua interna en Tucumán es historia pasada.