De las dos vacas de Jaldo al imperio de los drones.

Del chau Jaldo a conversar de las vacas.

¡Tucumán da para todo, mi viejo! Acá las alianzas políticas cambian más rápido que bolsita en boca de tormenta y los milagros económicos superan cualquier ficción.

El capítulo de esta novela de verano tiene como protagonistas estelares al gobernador Osvaldo Jaldo y a su exrival político (y hoy aliado circunstancial) Germán Alfaro, quien le tiró hace un tiempo con artillería pesada y destapó la olla con una frase que ya recorre los teléfonos de toda la provincia.

“A Jaldo lo conozco de cuando tenía dos vacas y me llevaba a conocer su pequeño tambo. Hoy tiene drones para controlar sus tierras en el norte y en el sur de la provincia”, disparó hace un tiempo atrás, sin anestesia Alfaro, dejando entrever un crecimiento patrimonial que dejaba a más de uno con la boca abierta.

¿Milagro divino o transformación de la política?

La metáfora es tan nuestra como la empanada de matambre. Pasamos del tambo humilde, el olor a bosta y el silbido del viento, a un latifundio vigilado por alta tecnología aérea. ¡Paren un poco!

¿Acaso el despacho de gobernador viene con manual para multiplicar los panes y los campos?

Mientras el ciudadano de a pie hace malabares con la inflación para llegar a fin de mes, pagando tarifas que asustan y sufriendo las calles rotas, parece que algunos dirigentes encuentran en la función pública la pócima secreta.

De los chispazos al abrazo (y los negocios)

Lo más jugoso de este culebrón tucumano no es solo el crecimiento de la billetera y los dominios de Jaldo, sino la hipocresía de la paloma y el halcón. Ayer se tiraban los trastos por la cabeza, se cruzaban chicanas en los medios y competían por el poder local; hoy se muestran sonrientes, amigotes y jugando en supuestas sociedades de conveniencia política donde «el espacio trabaja para la reelección».

Entre gallos y medianoche, las diferencias ideológicas se archivan en un placard y lo único que nos dejan son los archivos de medios.

La pregunta que flota en el aire caliente de la plaza Independencia es simple y directa: ¿De dónde salió tanta prosperidad, mi gobernador? Porque si el secreto de la prosperidad son dos vaquitas,  avisen, que los tucumanos salimos ya mismo a buscar un tambo antes de que nos alcancen los drones