Verdulería FET. Hojas de lechuga y sillones viejos.

Foto FEDERACIÓN ECONÓMICA DE TUCUMAN parece una verdulería: la decadencia de una cúpula empresaria da vergüenza ajena. Con el perdón y el más profundo respeto que se merecen los verduleros de Tucumán, quienes se ganan el pan honestamente en cada puesto del mercado, hay que decirlo sin anestesia: la histórica casa empresaria de la provincia se convirtió en un conventillo chabacano por el desfilan políticos. Imagen del patio andaluz y el aljibe repleto de verduras.

Por Redacción Central La Pluma Viral

La Federación Económica de Tucumán (FET) festejó el Día del Agricultor. ¿Y cómo lo celebró la supuesta «central de la producción»? Organizando una gran exhibición de frutas y verduras en el coqueto patio andaluz de la institución. Una postal pintoresca, folclórica, digna de una feria barrial, pero que esconde una tragedia institucional imperdonable.

El director del IDEP Juan Casañas y los octogenarios Héctor Viñuales y Joaquín Rodríguez. Presentando las verduras que eran exhibidas en el patio andaluz de la FET.

Porque la verdad detrás de esta puesta en escena es infinitamente más grave. La casa que supo agrupar a los pesos pesados de la economía provincial hoy es un cascarón vacío, un fantasma administrado por nostálgicos del poder que perdieron el rumbo y, sobre todo, el diálogo con los verdaderos hacedores de la riqueza tucumana.

Esta lista figura en la página institucional FET. En realidad, es el detalle y prueba de la “Deserción masiva y vaciamiento institucional” de la rama o sector de la producción. No ha logrado contener a las asociaciones civiles y con la instalación de una verdulería no alcanza para tapar la fuga.

¿Quiénes quedan en la FET? Prácticamente nadie que mueva la aguja productiva de la provincia.

La lista de deserciones es un tendal de cadáveres políticos e institucionales. El Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (CACTU) pegó el portazo y renunció formalmente a pertenecer a la casa. La Unión de Cañeros Independientes ya no contaría con normal funcionamiento; por lo que su vida institucional sencillamente feneció. Los tabacaleros brillan por su ausencia: ni la Asociación de Productores Tabacaleros de Tucumán ni la Unión de Tabacaleros de Alberdi participan. La Asociación de Productores de Arándanos de Tucumán también abandonó toda participación activa. La Asociación de Productores de Alimentos del NOA y la Cámara de Empresarios Productores y Viveristas de Frutillas navegan en la deriva de la irregularidad y la falta de funcionamiento normal.

Foto: Todos los funcionarios (ningún productor), miran las deliciosas frutas adornadas de frescas hortalizas ubicadas en el paquitísimo aljibe de la casa Helguera, familia de la alta sociedad de Tucumán.

¿Qué queda entonces? Sobrevive, casi en soledad, la Sociedad de Productores de Frutas, Hortalizas y Afines de Tucumán —es decir, el Mercofrut—, cuyos eternos representantes en la FET (los hermanos Juan y Joaquín Rodríguez, ambos jubilados y sin siquiera un CUIT activo) parecen haber copado todos los espacios de poder interno. Basta con mirar detenidamente las fotos de los eventos: no hay ni un dirigente genuino del sector productivo tucumano.

Funcionarios del gobierno, cursos de huerta y bolsillos de la cúpula llenos. En la foto, la mirada perdida de Susana Montaldo, siempre presente en la FET, entre los popes del turismo, como si se auto percibiera empresaria. En la foto también, Juan Rodríguez, Ricardo Cecilia, Sergio Fara (H), Gregorio Werchow.

Mientras los sectores productivos reales huyen despavoridos, el paisaje humano en la FET cambió rotundamente. En las reuniones sobra la presencia oficialista: funcionarios de la Casa de Gobierno como el Director del IDEP Casañas y una recurrente habitué de la casa, la, pero Ministra de Educación de la historia, Susana Montaldo, cuyas visitas constantes desconciertan a propios y extraños. ¿Vendrán a interiorizarse sobre los cursos con los que el eterno dirigente de CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) Gregorio Werchow, propone a los empresarios fundidos «reinventarse”? ¿O vendrán a tomar clases magistrales sobre cómo armar una huerta comunitaria en plena crisis?

¿El resultado? Una verdadera casta dirigencial. Los octogenarios Werchow y Viñuales continúan atornillados a los sillones, facturando y llenando la bolsa por medio de la misteriosa FUNDAFET. El próximo paso, ¿vender la casa que ya está vacía? En la foto con Domingo Amaya, su eterno benefactor.

La producción local agoniza, los campos se quedan sin representación empresaria seria, y la cúpula de la Federación Económica sigue aplaudiendo en su patio andaluz, entre cajones de tomates y lechugas, aplaudiéndose a sí mismos mientras el Titanic institucional se hunde con bombos y platillos. Una vergüenza nacional.