
Mientras las familias hacen cuentas para comprar comida, pagar la luz y sostener el hogar, la política parece mirar demasiado lejos: hacia 2027. Hay momentos en los que una sociedad deja de hablar de la crisis en términos de números y comienza a sentirla en las decisiones diaria.
¿Pago la boleta de luz o compro alimentos? ¿Cancelo la tarjeta o compro lo necesario para la casa? ¿Pido otro préstamo? ¿Busco un segundo trabajo? ¿Vendo algo que tengo para llegar a fin de mes? En Tucumán, esas preguntas empiezan a formar parte de la vida cotidiana de muchas familias.

El supermercado como termómetro
Los datos sobre consumo muestran una realidad difícil de disimular. La información publicada por La Pluma Viral, basada en datos del INDEC y de consultoras privadas, señala que durante mayo las ventas de supermercados a nivel nacional tuvieron una caída real interanual del 0,7%, acumulando cinco meses consecutivos de retroceso. Entre los rubros más afectados aparecieron bebidas, lácteos, verdulería, limpieza y panadería.
Pero detrás de cada porcentaje hay una conducta concreta.
Para las familias tucumanas el consumo deja de ser una elección y comienza a ser una estrategia de supervivencia económica.
Cuando cae el consumo, no pierde solamente el supermercado. Pierde el comerciante, pierde el distribuidor, pierde el transportista y, finalmente, pierde el trabajador.
La advertencia sobre despidos en el sector del transporte de cargas en Tucumán es justamente una señal de esa cadena. La empresa del sector Expreso Rivadavia desvinculó a cuatro trabajadores y desde el gremio señalaron que la reducción de la actividad logística estaría vinculada al bajo nivel de consumo. También advirtieron que otras empresas atraviesan dificultades similares. Es el círculo que preocupa: menos consumo, menos actividad y menos trabajo.

Créditos, una transformación silenciosa: de herramienta a salida de emergencia.
Hay otro dato todavía más inquietante: el endeudamiento. Un informe citado por La Pluma Viral señala que los hogares tucumanos destinan, en promedio, el 24,1% de sus ingresos salariales registrados al pago de cuotas, saldos de tarjetas e intereses, mientras que la deuda acumulada equivaldría a 2,5 salarios por hogar.
Antes, muchas familias se endeudaban para comprar un electrodoméstico, cambiar el auto, hacer una refacción o afrontar un gasto extraordinario. Ahora, el crédito se utiliza para algo mucho más básico: comer, pagar servicios o llegar hasta el próximo cobro.
Y cuando una familia llega al punto de vender una heladera, un televisor o un lavarropas para conseguir dinero para comprar alimentos, el problema ya no es financiero. Es social.
Jubilados y la vulnerabilidad
Entre los sectores más expuestos están los jubilados que viven con ingresos mínimos, sin poder afrontar el pago de los servicios básicos, como el agua. Una vecina de Villa Luján en la capital tucumana sufrió el corte de este servicio por parte de la SAT, teniendo que relegar gastos imprescindibles como medicamentos, comida para poder pagar facturas.

En agosto, las tarifas de gas y electricidad tuvieron nuevas actualizaciones. Al mismo tiempo, los hogares deben enfrentar el aumento de los gastos fijos, alquiler, alimentos, transporte, educación, salud y servicios públicos. Y allí aparece una de las mayores contradicciones de este tiempo, mientras se habla de desaceleración de la inflación, muchas familias sienten que el alivio todavía no llegó a sus bolsillos. Porque una inflación más baja no significa que los precios vuelvan atrás, significa que siguen aumentando, aunque a un ritmo menor.

Aquí aparece la otra cara de esta historia.
Mientras las familias hacen cuentas, se multiplican las conversaciones políticas sobre candidaturas, internas, alianzas y cargos de cara a 2027, sin percibir que muchos tucumanos no pueden esperar estos largos meses.
El propio Gobierno provincial reconoció recientemente que el endeudamiento afecta a todos los sectores por igual y señaló que se analizaron posibles alternativas frente al problema. Ese reconocimiento debería ser apenas el comienzo porque la salida no puede consistir solamente en pedirle a las familias que se endeuden menos cuando sus ingresos no alcanzan.
Quizás el verdadero problema de Tucumán no sea solamente cuánto aumentó la luz, cuánto cuesta el pan o cuánto cayó el consumo, sino que cada vez más familias están perdiendo margen para afrontar el costo de vivir día a día.
La discusión política debería abandonar por un momento la comodidad de las próximas elecciones y mirar la incomodidad del presente porque detrás de cada número hay una familia, un hogar, una historia.




