Las declaraciones del ministro Marcelo Nazur dejaron una frase que merece un análisis profundo: «El 99% del peronismo está alineado con Osvaldo Jaldo.» Si esa afirmación refleja la realidad política, surge una pregunta inevitable: ¿por qué tanta ansiedad por cerrar listas con un año de anticipación?
Quien tiene semejante respaldo, en teoría, no debería temerle al veredicto de las urnas. La fortaleza política se demuestra en las elecciones, no en los asados reservados para unos pocos.

Mientras los tucumanos enfrentan inflación, salarios deteriorados, falta de empleo y obras inconclusas, la dirigencia parece más preocupada por repartirse las candidaturas que por resolver los problemas de la provincia.
El famoso encuentro en El Cadillal dejó una imagen que alimenta las especulaciones: una mesa con invitados selectos y muchos dirigentes históricos mirando desde afuera.
Entonces cabe otra pregunta: ¿Dónde quedaron los peronistas que no fueron convocados? ¿Dejaron de formar parte de ese supuesto 99% o simplemente descubrieron que en el nuevo esquema político algunos son más útiles que otros?
La política suele tener memoria corta cuando se trata de repartir poder. Quienes ayer eran imprescindibles, hoy pueden quedar relegados. Y quienes hasta hace poco no ocupaban un lugar central aparecen de repente como candidatos naturales. No por decisión de los afiliados ni por una elección interna, sino por la voluntad de quienes manejan el tablero.
Las declaraciones de Nazur también dejan una incógnita mayor: ¿Ese 99% representa realmente a los afiliados y a los votantes peronistas, o solamente a una parte de la dirigencia? Porque una cosa es el respaldo dentro de una estructura política y otra muy distinta es el respaldo de la sociedad.
En democracia, las mayorías no se proclaman en una conferencia de prensa ni se certifican en un asado. Se cuentan voto por voto el día de la elección.
Y allí radica la principal contradicción. Si el triunfo parece tan asegurado como algunos sostienen, ¿por qué la necesidad de acelerar acuerdos, ordenar candidaturas y exhibir demostraciones de fuerza con tanta anticipación?
Al final, la única encuesta que tiene valor jurídico y político es la que se realiza frente a una urna.
Todo lo demás son fotografías de ocasión, discursos de campaña y demostraciones de poder que deberán enfrentarse, tarde o temprano, con el único juez que nunca puede reemplazarse: el voto del pueblo tucumano.




