Pauta, Poder y Pedofilia: El perverso blindaje del clan Valenzuela.

De publicista de Julio Miranda a zar de la pauta oficial.

La historia no empieza en los tribunales. Empieza en una casa. En una familia patricia del arte y la cultura local. Julio Rafael Valenzuela, fundador de eltucumano.com, adicto a la pauta estatal y a la prestación de servicios en el Estado, con empresas que le facturaron al gobierno más de 3 mil millones de pesos, tiene un rol fundamental en esta terrible historia en la cual, su hermano Jorge Alejandro Valenzuela es acusado de abusar sexualmente de su hija.

Es en la casa donde Jorge Valenzuela vive, que una niña empieza a sufrir abusos en carne propia, a la vez que su hogar pasa a convertirse en un infierno para la pequeña. La situación termina con un expediente judicial, en una causa titulada “Valenzuela Jorge Alejandro s/ abuso sexual simple agravado”, cuyo destino hoy se encuentra en el escritorio del juez Augusto Zapata, juez a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia Familiar y de Género, reconocido tristemente por su inacción en el marco de las denuncias realizadas por Karla Robles, antes de suicidarse por Tik Tok.

Pero detrás de esa carátula hay una historia que, según los testimonios incorporados a la
causa, se extiende en el tiempo y atraviesa la infancia de una adolescente cuya identidad se preserva.

Pero la historia no quedó circunscripta a los tribunales.

En paralelo al avance de la causa, comenzaron a aparecer publicaciones en redes sociales que, sin el lenguaje técnico del expediente, expusieron una versión mucho más cruda y directa de los hechos.

“Ya van dos veces que denuncio que el progenitor y abusador sexual de mi hija Jorge
Valenzuela tiene más de 9 plantas de cannabis en su domicilio en San Lorenzo 2193, vende y produce aceite de Cannabis.

¿Dónde tengo que denunciar esto?

Escribe en Facebook, la madre de la pequeña abusada, reclamando inacción de la justicia en un caso de presunto narcomenudeo y asegurando que su hermano Julio Valenzuela, el dueño de eltucumano.com, le “salvó las papas” varias veces.

Sabido es que a través de su portal web, Valenzuela ha intentado en varias oportunidades
presionar a jueces y funcionarios judiciales para que actúen en consonancia con sus intereses.

Fue utilizando su medio de comunicación, financiado hace una década con fondos públicos
como herramienta de presión para tratar de revertir los reveses judiciales que obtuvo en sus ataques a la ex jueza Valeria Brand y al juez Pedro Yane Mane. Quizás ese patrón de conducta, de ejercer desde su medio una implícita extorsión a los funcionarios judiciales, que Augusto Zapata no hace nada para que la causa se esclarezca la causa en la cual se denuncia a Valenzuela por abusar sexualmente de su hija.

Pero la impunidad que goza el abusador hoy, es gracias a un esquema de protección que no
es nuevo ni azaroso; es el fruto de una gimnasia del poder que Julio Valenzuela perfeccionó desde sus épocas como funcionario del mirandismo.

De publicista de Julio Miranda a zar de la pauta oficial.

Valenzuela ha sabido metamorfosearse para seguir lucrando con el Estado, hoy ese rol de engranaje mediático de los gobiernos de turno no solo le garantiza facturaciones millonarias, sino que le otorga el arma más peligrosa de todas: un silencio comprado que busca sepultar, bajo el peso del dinero estatal, las denuncias de horror que golpean las puertas de su propio clan.

Pero el dispositivo no se agota en el silencio; funciona también como una maquinaria de ataque contra cualquier adversario circunstancial del gobierno y como un sofisticado filtro de la realidad. Mientras la provincia se desangra en crisis de gestión que el medio decide ignorar, su portal se dedica a «ablandar» la tragedia social con notas románticas y distracciones banales, operando como un anestésico social pagado por todos los tucumanos.

El silencio de la justicia suele tener un precio, pero cuando el costo es la integridad de una niña, el blindaje mediático se transforma en complicidad criminal.

En Tucumán, donde los hilos del poder y la pauta estatal parecen tejer una red de impunidad inexpugnable, queda una pregunta flotando en el aire:

¿Hasta cuándo el peso de un apellido y una billetera pública seguirán siendo más fuertes que el grito de una víctima?

El expediente está sobre el escritorio; la mirada de la sociedad, también.