¿Cuándo te arman el decorado, te ponen las luces, te pintan la escenografía de colores y pretenden que aplaudas mientras te meten la mano en el bolsillo? Bueno, eso pasó el otro día en el Parque 9 de Julio. Una puesta en escena hermosa.

Ahí estaban todos. Empresarios y políticos. Trajes impecables que huelen a perfume importado, zapatos lustrados que jamás pisaron el barro de una parada en la periferia, y caritas sonrientes.
Por un lado, el gobernador Osvaldo Jaldo; por el otro, la plana mayor de AETAT (Asociacion de Empresarios del Transporte), Daniel Orell esos muchachos que manejan el servicio de los colectivos en Tucumán.
¿El motivo de la fiesta? La presentación de unas unidades nuevas. Y ahí el gobernador, con una soltura que asusta, metió la frase del año: destacó el «esfuerzo empresarial».
Pará, pará, pará… ¿Esfuerzo? ¿De qué esfuerzo me estás hablando?
Espectacular. Qué fácil es elogiar el «esfuerzo» ajeno cuando te bajás de un auto oficial con chofer, vidrios polarizados y el aire acondicionado en 18 grados. Qué tierno resulta hablar del «cambio de estado anímico de los usuarios» cuando hace treinta años que no sabes lo que es esperar el bondi una hora y media bajo el sol tucumano, rezando para que el chofer no te pase de largo porque viene lleno, o cruzando los dedos para que la cafetera en la que te subiste no se quede sin frenos a mitad de camino.

Hablemos claro: ninguno de los hombres y mujeres que salieron sonriendo en la foto oficial usa el colectivo. Ninguno. Para ellos, el transporte público es un Excel, un renglón en el presupuesto, una masa amorfa de 600.000 tucumanos que viajan hacinados porque no les queda otra. Es el cinismo explícito de la política.
Pero lo más divertido —o lo más trágico, según cómo lo mires— no es solo que no viajan en bondi. Es la plata.
AETAT no es una cámara empresarial; a esta altura ya funciona como un agujero negro.
Una aspiradora gigante por donde fluye guita oscura en cantidades industriales. Millones y millones de pesos en subsidios, compensaciones, exenciones y salvatajes estatales que entran a una caja negra de la que nadie, nunca, rinde cuentas.

Daniel Orell, presidente de la Asociación de Empresarios del Transporte Automotor de Tucumán (AETAT), reafirmó el compromiso del sector con la comunidad en tiempos difíciles. «Esto es un orgullo para nosotros», afirmó
Es un negocio fantástico: los empresarios se quejan de que están al borde de la quiebra para meterle el pecho al boleto y exigir más aumentos, la política les firma los aumentos de manera casi automática, y el ciudadano de a pie se desangra pagando una tarifa de locos por un servicio del tercer mundo.
El propio Jaldo admitió el truco sin querer cuando dijo que «sin el apoyo gubernamental no habría transporte». Traducido al castellano básico: el negocio privado se sostiene pura y exclusivamente con la billetera de los impuestos de la gente.

Daniel Orell no es empresario, Formalmente es un profesional independiente o consultor autónomo que presta servicios de asesoría y dirección, desde el punto de vista estrictamente fiscal e impositivo de este documento, su condición es la de un trabajador independiente.
Entonces, si el Estado les compra las unidades, si el Estado les subsidia el gasoil, si el Estado les garantiza los pasajeros con los boletos sociales… ¿dónde está el «riesgo empresario»? ¿Cuál es el «esfuerzo»? El único esfuerzo acá lo hace el tipo que se levanta a las cinco de la mañana y viaja como ganado.
Esta supuesta renovación no es un logro de gestión; es la foto de un pacto corporativo que se cocina entre cuatro paredes. Una paritaria eterna donde la plata fluye, los empresarios se salvan, los políticos se sacan la foto para la campaña y el sistema sigue igual de podrido.
Mientras se sigan aplaudiendo entre ellos arriba de un escenario, la realidad va a seguir pasando por otro lado. Porque hay una grieta que nunca falla, y es la grieta entre los que firman los decretos y los que tienen que viajar en el bondi. El día que un funcionario tenga que picar la tarjeta para ir a laburar, ese día —y recién ese día— el transporte va a cambiar. Mientras tanto, nos siguen vendiendo espejitos de colores.




