Hay una realidad que los papeles y las denuncias ya no pueden ocultar: el mapa de la violencia de Julio Valenzuela, el operador propietario de eltucumano.com, tiene un destino único y sistemático: las mujeres.

Para entender su psiquis, es necesario invertir la teoría freudiana; lo suyo no es «envidia de pene», sino una profunda «envidia de paloma».
Se trata de un resentimiento patológico volcado contra la fuerza, la autoridad y la integridad femenina.
UN IMÁN PARA HOSTIGAR MUJERES
Si te pones a ver quiénes son las que terminan en la mira de Valenzuela, te das cuenta de que no es casualidad. El tipo tiene un problema personal con el género:
• CON SU EX PAREJA: El maltrato empezó en la casa, en ese ámbito privado donde los violentos se sienten dueños de todo. Basta chequear el expediente judicial 6419/20 para ver como violentaba y maltrataba a la madre de sus hijos.
• CON LAS QUE TIENEN PODER: Se ensañó con la jueza Valeria Brand y con la decana Adela Seguí. No soporta que una mujer mande y sea respetada; le carcome el éxito que él jamás va a tener.
• CON LAS EMPLEADAS: A Leyla Díaz la echó de El Tucumano sin causa y con denuncias de maltrato de por medio. La denuncia sobre amenazas fue radicada en la Comisaría Segunda, el 14/02/2020 con el expediente 11247/2020.
• CON LAS VÍCTIMAS: No tuvo piedad ni con Luli (la denunciante del caso de violación en manada de los jugadores de Vélez), ni con empleadas judiciales. Si hay una mujer sufriendo, Valenzuela aparece para tirarle nafta.
Ese patrón de conducta tan enfermizo alcanza incluso a mujeres de su propia familia, como el caso de su sobrina abusada por su progenitor: Jorge Valenzuela, hermano de Julio. La joven denunciante no encontró jamás respuesta en la justicia ni ningún tipo de apoyo por parte de sus tías ni su tío Julio quien además de hacer silencio en su medio se dedicó a proteger a su hermano.
EL «MACHO» DE LA PUERTA CERRADA
Lo más patético de este patrón es la cobardía que esconde Valenzuela. Es un «guapo» selectivo: se ensaña con las mujeres porque cree que no le van a responder, pero cuando la cosa es entre hombres, se le termina el personaje. Está probado: la única vez que un hombre lo fue a encarar para que se hiciera cargo de lo que dice, el gran provocador se encerró con llave y salió corriendo a denunciar que lo querían matar.
EL CIERRE DE LA ESTAFA: ESCUDOS DE POLLERA Y FACTURACIÓN
Pero la cobardía de Valenzuela no termina en su falta de hombría; llega hasta su propio bolsillo. Tiene un medio digital hace 10 años y jamás firma sus notas: es el anonimato del que tira la piedra y esconde la mano.
Solo se hace visible cuando los conflictos judiciales lo acorralan, y aun ahí, no da la cara solo: pone como escudos a su hermana o a su madre. Son ellas las que figuran en las acciones de las distintas empresas con las que se encarga de facturar millones de pesos al Gobierno.
Valenzuela no solo hostiga a las mujeres de afuera; usa a las de su propia sangre para blindar sus negocios, proteger su patrimonio y esconderse de las responsabilidades legales.
Tucumán ya le sacó la careta: es un violento que vive de la pauta y se esconde detrás de las polleras para no hacerse cargo de nada.




