
Primicia exclusiva. Por Redacción Central La Pluma Viral
Hay que reconocerle una virtud a la intendenta: la audacia. Mientras usted, querido lector, se rompe el lomo tratando de explicarle a la AFIP —perdón, al flamante ARCA— por qué compró dos kilos de asado sin usar la tarjeta, ella vive en una realidad paralela.

La funcionaria, que ante el fisco figura con el perfil económico de alguien que apenas sobrevive a base de té y fe —ni CUIT registra, una santa la chica—, se despacha con una mansión en Las Yungas valuada en 1.200.000 dólares.
¿El método de pago? El «milagro» del efectivo. Porque claro, es de muy mal gusto usar transferencias o hipotecas que dejen rastro. Ella prefiere el romanticismo del «cash»: 50.000 dólares mensuales, billete sobre billete, como si estuviera comprando caramelos.
Una austeridad envidiable, especialmente cuando no se está tomando fotos en bikini para recordarnos a todos, desde la opulencia, quién manda en este feudo.

Pero bueno, alguien decidió que la fiesta se terminó. Don Hugo Santillán se cansó de mirar el techo y ratificó una denuncia penal contra la intendenta y su secretario de Hacienda, Ariel Mendelek. La acusación es el combo completo: enriquecimiento ilícito, lavado de activos y ese deporte nacional llamado malversación de caudales públicos.

En la foto el fiscal Diego Hevia, su padrastro el “tuerto” Guillermo herrera que fue sometido a Juicio Político y su gran amigo Edmundo Jiménez nonagenario Ministro Publico Fiscal de Tucumán. Obviamente que, por estos pagos, la “suerte” esta hechada.
Don Santillán, que no es ningún ingenuo, sabe perfectamente cómo se mueven los hilos en el pago chico. Por eso, esquivó el filtro local: sabe que Diego Hevia —el fiscal que heredó al parecer, las mañas de su padrastro, el recordado Guillermo Herrera— o sea es garantía de nada. Herrera, fue un «archivador serial» de causas por encargo de su gran amigo Edmundo Jiménez y Hevia parece ser el alumno aplicado que mantiene la tradición del cajoneo profesional.

Don Hugo Santillan en la puerta de Tribunales Federales. Pateó el tablero directo en Comodoro Py y la PROCELAC. Porque cuando el barro llega al cuello, no hay fiscal «heredero» que valga para salvar el show; hace falta un poco de aire fresco federal.
La pelota ahora está en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 4. Mientras la justicia empieza a desperezarse, nuestra protagonista sigue en lo suyo: posando para la cámara, ajena a los vecinos que se hunden en el barro y a la tormenta que, esperemos, termine por desmoronar este castillo de naipes.



