Mientras algunos dirigentes se colocan la “patente peronista” desde la comodidad de un cargo institucional, alejados de la realidad cotidiana de miles de tucumanos, otros espacios políticos continúan recorriendo los barrios y acompañando a quienes más lo necesitan.
En el marco del Día de la Promesa de Lealtad a la Bandera Nacional, el Movimiento de Unidad Popular (MUP) llevó adelante la entrega de guardapolvos a familias de distintos sectores, reafirmando una concepción histórica del peronismo: la presencia territorial, la solidaridad y el acompañamiento a los sectores más vulnerables.
La diferencia resulta cada vez más evidente. De un lado, la militancia social y el trabajo en los barrios; del otro, las reuniones exclusivas, los asados y los encuentros políticos alejados de las necesidades reales de la gente.
Pedro Albornoz Piossek del MUP entregando guardapolvo a las escuelas Mate de Luna a los alumnos de 4 grado.

Donaciones del secretario general del MUP Luis Romano.

Muchos dirigentes hablan de unidad, pero esa unidad parece limitarse a las mesas del poder y a los encuentros entre funcionarios y sectores privilegiados que, según cuestionan numerosos militantes, hace tiempo perdieron contacto con la vida partidaria y con las bases del justicialismo.
El verdadero desafío del peronismo no pasa por las fotografías de ocasión ni por las reuniones sociales en lugares exclusivos. Pasa por volver a escuchar a los vecinos, caminar los barrios y responder a las demandas de quienes atraviesan dificultades económicas.

La discusión de fondo es qué modelo de peronismo representa hoy a la sociedad: el de la militancia territorial y la ayuda concreta, o el de la dirigencia que se aleja de las bases y se encierra en los círculos del poder.




