El Plan A del kirchnerismo que se cocina en San José 1111

El mal momento de la gestión de Javier Milei adelantó los tiempos electorales

El mal momento de la gestión de Javier Milei adelantó los tiempos electorales y el debate por la Reforma Política posiciona las estrategias de cara a la discusión del peronismo para avanzar en la conformación de un “nuevo frente patriótico” para ser competitivo en 2027. En todas las trincheras están convencidos que “la salida” de este proceso se da de la mano de “un profesional” de la política, aunque sobrevuela la idea de un outsider como el banquero Jorge Brito como alternativa.

La definición del gobernador sanjuanino Sergio Uñac de levantar el perfil se da luego de la constitución de varios puentes con San José 1111, donde permanece Cristina Kirchner en su detención y que funciona como el Puerta de Hierro del kirchnerismo.

En los últimos días, una reunión entre Uñac y la diputada provincial, Mayra Mendoza, despertó el radar del círculo de Axel Kicillof por los gestos del cristinismo, en medio de las tensiones internas que se viven puertas adentro de territorio bonaerense. Allí se conversó la idea de encuentros federales donde la consigna principal será “Cristina Libre”, aunque con un tono más crítico de la política económica de Milei.

En la cocina del kirchnerismo se prepara un embate internacional y esperan un reflejo en las elecciones de Brasil, donde Ignacio “Lula” Da Silva pone en juego su mandato.

El “Plan A” que manejan en la mesa chica del kirchnerismo es tener el aval para la presentación de la propia Cristina Kirchner como candidata en 2027 y cuentan con Uñac para una potencial fórmula.

En esa alianza, el que ingresa, aunque sin mostrar las cartas hasta último minuto, es Sergio Massa. El tigrense tiene la habilidad de mostrarse indispensable en el esquema que enfrentará a Javier Milei y saca a jugar a sus principales espadas en territorio bonaerense para el armado distrital. Pese a eso, no saca los pies del plato para una tercera candidatura. En este escenario, no sorprenden las declaraciones del ultracristinista Sergio Berni: “Massa es el hombre más preparado para gobernar la Provincia”.

Aunque con menos aire, los que se suman en este esquema son Miguel Ángel Pichetto y Emilio Monzó, que caminan el país y la Provincia para armar “un gran frente político basado en la producción y la reconstrucción del entramado social”. Pichetto, que se abraza con Guillermo Moreno, busca enamorar un sector del peronismo no K y jugar en la interna en una potencial PASO. Monzó, por su parte, recorre la provincia y se muestra como un dialoguista y constructor de puentes.

Días atrás, Monzó pasó por Casa de Gobierno en una reunión con Kicillof, donde se mostró conforme, aunque no hubo consenso en una estrategia común. Antes, pasó por el despacho de la planta baja, donde atiende Carlos Bianco (Gobierno) y la evaluación no fue la mejor:

“Quizás no fue la reunión más productiva”, admitieron cerca del exintendente de Carlos Tejedor.

El otro armado: el rol de Kicillof, con los puentes rotos con San José 1111
Mientras tanto, en el peronismo federal se cocina una estrategia de contención. Figuras como Guillermo Michel y la kicillofista Victoria Tolosa Paz lideran encuentros semanales para darle volumen a un esquema que busca abrazar a los gobernadores del norte, como Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca). Para La Cámpora, estos mandatarios son “traidores” funcionales a las políticas de Milei.

Kicillof, por su parte, se muestra dispuesto a someterse a una gran interna. En La Plata están convencidos de que una competencia abierta es el único salvoconducto para que otros sectores de la oposición se sientan representados y se acomoden detrás de una candidatura potente. El Gobernador sabe que, hoy por hoy, es el dirigente más plantado en la carrera hacia la Casa Rosada, pero también entiende que sin un ordenamiento claro en la provincia de Buenos Aires, cualquier proyecto nacional carecerá del sustento territorial determinante para ganar.

El factor emocional sigue siendo la gran traba invisible. Dirigentes que conocen a ambos aseguran que existe un nudo que mezcla lealtades históricas, decepciones personales y la dificultad de CFK para aceptar liderazgos que no pasen por su filtro directo. Mientras este conflicto no se resuelva, el peronismo seguirá navegando en un mar de especulaciones, donde cada gesto de Kicillof es leído como una afrenta y cada silencio de Cristina como una amenaza latente hacia el armado que hoy sostiene la resistencia al gobierno nacional desde la capital bonaerense.