
Mientras el mapa de Tucumán se dibuja con cañerías obsoletas y barrios que claman por un chorro de agua potable, las cifras oficiales del extinto ENOHSA (Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento) revelan una realidad paralela de opulencia presupuestaria. La Danza de los Millones:
¿Dónde quedó el dinero?
Solo durante el año 2022, el ENOHSA destinó a la provincia de Tucumán una suma superior a los 10 mil millones de pesos.

Los titulares de la época, impulsados por la gobernación de Jaldo y las gestiones ante el organismo nacional, anunciaban convenios con una frecuencia casi semanal.

$6.000 millones firmados por el gobernador Jaldo para obras de saneamiento. $3.500 millones en un plan conjunto entre el ENOHSA y la Legislatura. $2.100 millones específicos para la Capital tucumana destinados a cañerías y cloacas. $3.000 millones adicionales proyectados para ingresar durante el año 2023.
A pesar de esta «lluvia de fondos» que superó con creces los $14.000 millones de pesos en convenios acumulados, el vecino de San Miguel de Tucumán y del interior sigue lidiando con el olor a aguas servidas y la falta de presión en pleno verano.

El Ocaso de un Organismo y el Silencio de sus responsables.
La reciente disolución del ENOHSA por parte del gobierno nacional de Javier Milei no es solo un movimiento administrativo; es el certificado de defunción de una estructura que, para muchos, funcionó como una plataforma política más que como una solución de infraestructura.
Las funciones han pasado a la órbita de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación (SSRH), pero las deudas de infraestructura en Tucumán siguen vigentes.
La crítica se centra en el responsable de ENHOSA el actual legislador Geronimo Vargas Aignasse. Con convenios firmados para fortalecer actividades por $400 millones y otros $8.500 millones repartidos entre municipios, surge la pregunta inevitable:
¿Cuál fue el criterio de auditoría y avance de estas obras?
«Firmar convenios es sencillo; enterrar los tubos y que el agua llegue a la gente es lo que parece haber quedado en el camino.»

El contraste es obsceno. Por un lado, las fotos de firmas de convenios y las sonrisas en los despachos oficiales.
Por el otro, el tucumano de a pie que ve cómo el presupuesto se licuó entre la burocracia y la campaña, mientras el organismo que debía garantizar su salud hídrica desapareció por la puerta trasera de la política nacional.

Hoy, con el ENOHSA disuelto, el rastreo de esos 10.000 millones de 2022 se vuelve una tarea de arqueología financiera. Lo que queda es un sabor amargo: el de los millones que se anunciaron con bombos y platillos, pero que nunca llegaron a los grifos de la provincia.



