El Clan Valenzuela-Chambeaud: El arte de vivir del presupuesto universitario.

En el ecosistema de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), hay apellidos que no solo figuran en los legajos, sino que parecen formar parte del inventario permanente. El caso de los Valenzuela Chambeaud es el manual de estilo perfecto sobre cómo una familia puede mimetizarse con las paredes del Rectorado.

La historia de amor con la caja pública no es nueva.

Todo comienza con la matriarca, Lía Chambeaud, quien supo pavimentar el camino durante la era de Juan Alberto Cerisola, logrando designaciones estratégicas que luego servirían de plataforma para su descendencia.

Pero el verdadero salto acrobático lo dio Julio Rafael Valenzuela (DNI 23.239.709).
Mientras otros profesionales reman en el dulce de leche de la burocracia, Julio entró por la
puerta grande en noviembre de 2012 como parte de «PRENSANOA», embolsando jugosos contratos de hasta $43.000 mensuales (más IVA de la época) por una consultoría de comunicación para el «Plan del Centenario». Un servicio «técnico» que, curiosamente, terminó transformándose en una planta permanente de categoría 03 en 2014, justo antes de que el cerisolismo entregara las llaves del reino.

La generosidad de la UNT no discriminó: el hermano, Jorge Valenzuela, también encontró su refugio en la universidad hacia el año 2010, ingresando por gestiones directas de Chambeaud, sumando otra silla a la mesa familiar pagada por todos. Ni siquiera las causas judiciales por violación que pesan sobre él parecen haber perturbado la paz de este clan que, entre expedientes y resoluciones, ha convertido a la Universidad en su pyme personal.

Jorge Valenzuela

Cronología de un asalto al organigrama: Del contrato de oro a la adscripción
eterna El «chambeo» del clan Valenzuela-Chambeaud no conoce de crisis ni de alternancias políticas; ellos siempre caen parados:

Noviembre de 2012: Julio Valenzuela y Fernando Álvarez (su socio en
PRENSANOA) firman un contrato de locación por 19 meses para el «Plan del
Centenario», con sueldos escalonados que envidiaría cualquier docente titular.

Diciembre de 2014: En un cierre de gestión a toda orquesta, la rectora Alicia Bardón
—continuidad del esquema cerisolista— los premia con la planta permanente
(Categoría 03) en la flamante Dirección de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Mayo de 2016: Con el viento político cambiando, Julio Valenzuela logra ser adscrito
al Vicerrectorado bajo la tutela de José Ramón García, supuestamente para tareas de
«apoyo comunicacional» en la Reforma del Estatuto.

Septiembre de 2018: Se consolida su permanencia en la «Unidad de Vinculación
Digital» (UVD), un sello de goma creado a medida para justificar su sueldo sin
mayores sobresaltos operativos.

Abril de 2022 y Marzo de 2023: El tour de Valenzuela por las dependencias
continúa. De Planeamiento y Obras saltó a la Dirección General de Ceremonial y
Protocolo, manteniendo siempre su Categoría 03 de planta permanente.

Mientras los egresados esperan años por sus títulos demorados, los Valenzuela Chambeaud
han demostrado que, en la UNT de Cerisola y sus herederos, lo importante no es el mérito, sino tener el apellido correcto en la resolución adecuada. Un linaje de «imprescindibles» que han hecho de la universidad pública su mejor negocio familiar.