La investigación por la muerte de Cinthia Verónica Lazarte, la mujer de 41 años hallada calcinada en el interior de un automóvil incendiado en calle Francia al 1.100 de San Miguel de Tucumán, avanza bajo la hipótesis de un posible femicidio.
Mientras la Justicia procura esclarecer las circunstancias del hecho y determinar si la víctima fue asesinada antes de que se iniciara el fuego, familiares circunstanciales, vecinos y religiosas que la asistían reconstruyen los últimos días de una mujer marcada por la vulnerabilidad y la vida en situación de calle.
“Era una mujer que necesitaba ayuda y a la que tratábamos de acompañar. Su final nos da mucha tristeza”, expresó la hermana Hilda, integrante de la Congregación de las Hermanas de Caridad de Nuestra Señora del Buen y Perpetuo Socorro, ubicada en la esquina de Francia y Lola Mora. Allí, Lazarte encontraba con frecuencia alimento, contención y un espacio de diálogo.
Según relataron las religiosas, Cinthia mantenía una rutina habitual en la congregación.
Cada mañana se acercaba a desayunar y, en ocasiones, regresaba por la tarde para recibir la merienda. La última vez que fue vista por las monjas ocurrió la noche del viernes, pocas horas antes del hallazgo de su cuerpo.
“La vi alrededor de las nueve de la noche. Tomó un té, comió un sándwich y después dijo que se iba a dormir”, recordó la hermana Hilda. La religiosa explicó que en numerosas oportunidades intentaron convencerla de que aceptara alojamiento en algún refugio para protegerse de los riesgos de la calle, especialmente durante las noches de bajas temperaturas. Sin embargo, Lazarte rechazaba esa posibilidad. “Me decía que prefería ser libre”, señaló.
De acuerdo con los testimonios recogidos por quienes la conocían, la mujer alternaba noches en la vía pública con estadías ocasionales en casas de familiares o conocidos. En los últimos tiempos había encontrado refugio en un Fiat Palio bordó abandonado desde hacía meses sobre la vereda de Francia 1.154. Ese vehículo terminó convirtiéndose en el escenario de la tragedia.
Las religiosas la describieron como una persona respetuosa, agradecida y cuidadosa de su higiene personal pese a las dificultades que atravesaba. “Siempre estaba limpia, se bañaba y procuraba cuidar su ropa dentro de sus posibilidades. No era una persona abandonada”, destacó la hermana Hilda.
Sin embargo, quienes compartían el día a día con ella también reconocían los peligros que enfrentaba por vivir en la calle. Según relataron, tenía un carácter fuerte y solía defenderse cuando era hostigada por hombres o por personas vinculadas al consumo de drogas. “Gritaba, los enfrentaba y lograba ahuyentarlos. Sabía defenderse”, recordó la religiosa, quien admitió que esa exposición permanente pudo haberla colocado en situaciones de riesgo.




