Aydar cruzó con dureza al proyecto de Vargas Aignasse.

Opinión del Dr. Alfredo Aydar.

El abogado Alfredo Aydar cuestionó con firmeza el proyecto impulsado por el legislador tucumano Gerónimo Vargas Aignasse, presentado bajo la denominación de “Medida Cautelar Digital – Violencia en Redes”, al considerar que la iniciativa, detrás de un discurso aparentemente orientado a proteger derechos, podría convertirse en una peligrosa herramienta de censura previa contra ciudadanos que se expresan libremente en redes sociales.

Aydar sostuvo que la libertad de expresión no puede ser relativizada ni condicionada por mecanismos legales ambiguos que, bajo la excusa de combatir agravios, injurias o campañas digitales, terminen habilitando restricciones inmediatas sobre publicaciones, opiniones o críticas ciudadanas.

Según el abogado, el proyecto parte de una premisa riesgosa: colocar al poder político en una posición desde la cual pueda definir, de manera rápida y cautelar, qué contenido debe circular y cuál debe ser removido. Para Aydar, ese camino abre la puerta a un sistema de control sobre la palabra pública, especialmente en un contexto donde las redes sociales se convirtieron en el principal espacio de denuncia, debate y fiscalización ciudadana.

La libertad de expresión es la columna vertebral de la democracia».

Sin libertad para criticar, denunciar, opinar y cuestionar al poder, no hay ciudadanía plena: hay obediencia, miedo y silencio”, expresó Aydar.

El letrado advirtió que toda persona tiene derecho a defender su honor, su dignidad y su reputación, pero remarcó que esa protección ya cuenta con vías legales existentes y no puede utilizarse como excusa para construir una ley que funcione como mordaza anticipada. En ese sentido, señaló que la diferencia entre sancionar responsabilidades posteriores y permitir censura previa es esencial para cualquier sistema democrático.

Aydar fue especialmente crítico con el argumento de que la iniciativa no afectaría opiniones, críticas políticas, periodismo o información de interés público. Para el abogado, esas aclaraciones no alcanzan cuando el mecanismo propuesto podría generar temor, autocensura y persecución indirecta contra quienes usan las redes para cuestionar a dirigentes, funcionarios o sectores de poder.

“Cuando una ley nace diciendo que viene a proteger derechos, pero en la práctica puede servir para bajar publicaciones, frenar críticas o intimidar ciudadanos, estamos ante una amenaza institucional. No se puede esconder una ley de censura detrás de palabras nobles”, afirmó.

También cuestionó que se intente presentar a las redes sociales como espacios que deben ser disciplinados desde la política.

Para Aydar, las redes no son un territorio perfecto ni exento de abusos, pero sí representan una herramienta fundamental para que ciudadanos comunes puedan expresarse sin depender de medios tradicionales, estructuras partidarias o sectores económicos concentrados.

En esa línea, remarcó que los funcionarios y legisladores deben tolerar un mayor nivel de crítica pública, precisamente porque ocupan lugares de poder y administran decisiones que afectan a la sociedad.

“Quien ejerce una función pública debe aceptar el control social, la crítica intensa y el escrutinio permanente. Pretender blindarse frente al enojo ciudadano es desconocer las reglas básicas de la democracia”, sostuvo.

Aydar afirmó que el verdadero desafío no es silenciar voces, sino fortalecer una cultura democrática donde las discusiones públicas se den con responsabilidad, pero sin miedo. A su criterio, combatir la mentira, la difamación o la violencia digital no puede transformarse en una excusa para otorgar herramientas de censura preventiva a quienes circunstancialmente ocupan espacios de poder.

Finalmente, el abogado advirtió que este tipo de proyectos deben ser analizados con extremo cuidado, porque pueden terminar siendo utilizados contra periodistas, opositores, abogados, denunciantes, víctimas y ciudadanos comunes que se animan a exponer irregularidades o abusos.

“La libertad de expresión no se negocia»

Se defiende incluso cuando incomoda. Y sobre todo se defiende cuando el poder pretende regularla con lenguaje elegante, pero con espíritu de mordaza”, concluyó Aydar.