
Desde el mismo momento en que se hizo pública la foto del senador Juan Manzur sentado a la par del vicegobernador Miguel Acevedo en el palacio legislativo, el pasado sábado, en la presentación del libro del ex ministro de Economía, Eduardo Garvich, gran parte del peronismo tucumano suponía que la postal iba a generar algún efecto en Casa de Gobierno.
Un evento que, a pesar de su perfil técnico, contó con presencias de relieve como el economista Ricardo Arriazu y la conducción de Teté Coustarot.
Sin embargo, esa no fue la única postal del sábado que generó ruidos en los despachos oficiales. Por la noche, la agenda de Acevedo continuó con otro movimiento de alto impacto: se mostró junto a la intendenta Rossana Chahla en el estreno del espectáculo circense de Flavio Mendoza.
Si algo faltaba para terminar de tensionar los ánimos en Casa de Gobierno, era ese raid de fotos consecutivas que seguramente hizo que más de un funcionario pensara, con amargura: «¡Qué noche, Teté!».
Pero la reciente noticia de que el exministro de Economía, Garvich, ha tenido que buscar otra sede para reubicar la presentación de su libro (programada para realizarse el próximo 9 de abril en la Casa de Tucumán en la Ciudad de Buenos Aires) no puede interpretarse como otra cosa que una relocalización forzada como producto de una represalia por la foto que generó su evento en la Legislatura
El manual de la interna
Y ya no importan las versiones sobre los motivos de la reubicación del evento ni las desmentidas oficiales, porque difícilmente alguien de la política pueda pensar que el verdadero motivo de la cuestión sea otro.
Porque más allá de las idas y vueltas entre las máximas figuras del Partido Justicialista Distrito Tucumán, y detrás de la cosmética unidad peronista, gran parte de la dirigencia no puede procesar los acontecimientos políticos por fuera de la experiencia resultante tras aquella interna abierta del 2021, cuando los integrantes de la ex dupla gobernante midieron sus fuerzas en las urnas.
Este desplazamiento de Garvich al edificio del CFI en calle Azopardo, luego de la participación de Manzur en la presentación de su libro, se ve muy parecido a ese episodio ocurrido en aquel último Festival de la Empanada, cuando la aparición de Manzur provocó que los funcionarios del gobierno provincial vaciaran el palco de inmediato, «haciéndoles el vacío» a los mellizos anfitriones y a su invitado.
Al final, pasa lo que pasa siempre en el peronismo tucumano que se esfuerza diplomáticamente por disimular sus fracturas y tensiones. Y sabido es que cuando dicen que hay un problema de agenda, en definitiva siempre es en realidad un problema de una interna partidaria que, lejos de estar cerrada, sigue cobrando facturas en cada rincón donde asome una foto «prohibida».



