La reforma laboral y el mercado golpean a trabajadores independientes

En plena crisis económica, los trabajadores de reparto deben multiplicar los viajes para cubrir la canasta básica, el pago del alquiler, la crianza de un hijo y otros gastos esenciales.

La crisis económica no solo golpea al empleo formal, sino que obliga a los trabajadores de reparto a intensificar su jornada para mantener ingresos mínimos. Un informe de la Fundación Encuentro advierte que, por la caída del salario real y el deterioro del mercado laboral, quienes trabajan en plataformas como Rappi necesitan casi un 8% más de pedidos para cubrir la canasta básica y otros gastos esenciales.

El fenómeno se enmarca en un contexto donde el empleo asalariado formal mostró pérdidas en noviembre —23.400 puestos menos acumulando siete meses de caída— y los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo. Al mismo tiempo, el proyecto de reforma laboral que el Gobierno busca cerrar en el Congreso genera preocupación por sostener condiciones precarias para trabajadores que operan fuera de la relación de dependencia.

Más viajes para cubrir lo mismo

El deterioro del ingreso real obliga a los repartidores a aumentar la cantidad de entregas diarias para sostener un mínimo de ingresos. No es solo la inflación: a la canasta básica se le suman costos estructurales como combustible, mantenimiento del vehículo, seguro, datos móviles y el monotributo, que reducen el ingreso neto por pedido.

El ingreso por pedido pierde valor frente al aumento de precios, por lo que lo que antes se alcanzaba con determinada cantidad de viajes ahora exige varios más. El resultado es una mayor carga horaria y un desgaste físico creciente para mantener el mismo nivel de subsistencia.

En el último trimestre de 2025 el coeficiente Alcance de Pedido Promedio (APP) mostró una suba en la cantidad de pedidos necesarios para distintos niveles de ingreso: para la Canasta Básica Total de un hogar tipo de cuatro personas se pasó de 421 pedidos en octubre a 436 en noviembre y a 454 en diciembre; un incremento de 33 pedidos en el trimestre, equivalente al 7,8%.

La dinámica también se observó en otras canastas: la Canasta Básica Total individual aumentó de 130 pedidos en octubre a 140 en diciembre (10 pedidos más), la Canasta Básica Alimentaria individual pasó de 58 a 63 pedidos (5 pedidos; 8,6%), y los costos de crianza subieron: la canasta de un niño promedio requirió 162 pedidos en octubre y 170 en diciembre, mientras que la de un bebé pasó de 146 a 152 pedidos.

Los gastos de vivienda también crecieron: el alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires pasó de 158 pedidos en octubre a 167 en diciembre, y el alquiler promedio se elevó de 232 a 244 pedidos (12 pedidos más en el trimestre). Para alcanzar el Salario Mínimo, Vital y Móvil se necesitaron 110 pedidos en diciembre, frente a 106 en octubre.

Algunos parámetros se mantuvieron estables por su metodología de cálculo: el ingreso promedio trimestral permaneció en 328 pedidos, la cuota mensual del Monotributo categoría A se sostuvo en 12 pedidos y el costo de llenar un tanque de nafta se ubicó en torno a dos pedidos.

El telón de fondo: empleo y salario en retroceso

El contexto macroeconómico complica aún más la situación. El informe indica que el empleo asalariado formal cayó 0,2% en noviembre, con 13.100 puestos menos en el sector privado y 13.000 en el público. Paralelamente, el salario mínimo perdió 1% de poder de compra en enero y el salario promedio real registró retrocesos en ambos sectores, ya que los aumentos nominales quedaron por debajo de la inflación.

La dinámica empuja a trabajadores hacia formas más precarias o independientes de trabajo, como el reparto por plataformas digitales. Pero estos esquemas también quedan atrapados en la crisis: para cubrir la canasta básica y costos fijos, los repartidores deben extender la jornada y aceptar más pedidos, incluso en horarios de baja demanda.

El avance de las plataformas coincide con años de inestabilidad laboral, y el modelo comienza a mostrar tensión: con menor poder adquisitivo y mayor competencia entre repartidores, el ingreso promedio se diluye. El informe advierte que, sin medidas para abordar problemas estructurales del mercado laboral, esta dinámica puede profundizar la precarización.

En definitiva, la crisis no solo reduce puestos formales y salarios reales: también incrementa la presión sobre quienes realizan repartos por plataformas, que necesitan cada vez más pedidos para sostener su nivel de vida.