Tucumán, 20 años de estancamiento.

En los últimos dos meses, el Ejecutivo otorgó a razón de $2,84 millones por día en subsidios a organizaciones sociales
Tucumán arrastra un problema que ya no puede explicarse únicamente por una crisis coyuntural: la falta de crecimiento sostenido.

Los números muestran una tendencia preocupante. Mientras la provincia continúa aportando recursos al sistema tributario nacional, la cantidad de empresas registradas se mantiene por debajo de los niveles de hace más de una década. El interrogante es inevitable:

¿Qué modelo económico está dejando Tucumán?

Tucumán arrastra un problema que ya no puede explicarse únicamente por una crisis coyuntural: la falta de crecimiento sostenido.

Los gráficos analizados muestran dos indicadores que deberían encender todas las alarmas: por un lado, la relación entre los impuestos nacionales pagados por Tucumán y las transferencias por coparticipación; por otro, la evolución de la cantidad de empresas radicadas en la provincia.

Según el gráfico elaborado con datos de ARCA y la Secretaría de Hacienda, entre 2009 y 2017 la relación entre impuestos nacionales pagados y transferencias por coparticipación se ubicó, en varios años, por encima del 100%. En 2017 alcanzó aproximadamente el 188%.

Pero después comenzó una caída pronunciada: alrededor del 106% en 2018, cerca del 100% en 2020, aproximadamente 76% en 2022 y 70% en 2024.

El segundo gráfico expone otro dato contundente.

En 2010 Tucumán registraba 13.740 empresas. El número llegó a 13.927 en 2011, pero posteriormente inició una tendencia descendente. Para 2024, la cifra estimada se ubicó en 12.027 empresas.

Es decir, respecto de 2010, se contabilizan unas 1.713 empresas menos, una reducción cercana al 12,5%.

Y el deterioro no fue uniforme: el gráfico registra caídas particularmente fuertes en 2018 (-2,79%), 2019 (-2,99%) y 2020 (-5,06%), mientras que 2023 y 2024 también muestran retrocesos de -1,19% y -1,09%, respectivamente.

Una provincia que no logra generar suficientes empresas

El dato más preocupante no es solamente cuántas empresas desaparecieron, sino la dificultad para recuperar el tejido productivo perdido.

Después de más de una década, Tucumán no consiguió volver al nivel de empresas que tenía a comienzos del período analizado.

Esto obliga a mirar más allá de los discursos políticos y preguntarse por la estructura económica de la provincia: generación de inversiones, creación de empleo privado, infraestructura, presión tributaria, costos, burocracia, acceso al crédito y condiciones para producir.

Porque una economía puede sobrevivir durante años con empleo público, consumo interno y transferencia de recursos. **Pero para crecer necesita empresas que nazcan, inviertan, produzcan, contraten trabajadores y permanezcan abiertas.**

¿Veinte años de oportunidades perdidas?

Hablar de 20 años de estancamiento económico es una interpretación que requiere ampliar los indicadores —PBI provincial, empleo privado, salarios reales, productividad, inversión y pobreza— para demostrarla en sentido estricto.

Pero los gráficos sí permiten sostener algo concreto: Tucumán muestra un deterioro de su cantidad de empresas entre 2010 y 2024 y una marcada modificación en la relación entre los recursos tributarios nacionales aportados y las transferencias recibidas.

Y ahí aparece la pregunta incómoda.

¿Por qué Tucumán no logra transformar sus recursos, su ubicación estratégica, su producción agroindustrial y su capital humano en un proceso sostenido de crecimiento?

Mientras otras provincias buscan atraer inversiones, desarrollar parques industriales, generar empleo privado y diversificar sus economías, Tucumán continúa discutiendo cómo administrar una estructura económica que muestra señales de agotamiento.

El problema no es solamente cuánto dinero recibe Tucumán. Es qué hace con él.

La discusión económica debería dejar de limitarse a coparticipación, subsidios y asistencia estatal.

La verdadera pregunta es otra:

¿Cuántas empresas nuevas se están creando?

¿Cuántos empleos privados genuinos se generan?

¿Cuánto se invierte? ¿Cuánto se produce?

Porque si después de más de una década hay menos empresas que antes, el problema ya no parece ser solamente de recursos.

Es un problema de modelo.

Y los números, más que los discursos, son los que deberían abrir el debate.