
Por Myriam Costilla Duyck para La Pluma Viral

¿Se acabó la fiesta? A ver si nos entendemos: parece que el reloj de arena de Edmundo Jesús Jiménez finalmente se quedó sin granos. Pero no se confundan, señores, no se emocionen. Esto no es una despedida, es una transferencia de mando. Mientras la tropa se pelea por quién se queda con el cetro, el verdadero negocio se está cocinando en la mesa familiar. Sí, en esa misma donde usted jamás se sentará.

El guardarropa de la ilusión. Muchos fiscales y Jueces, hombres y mujeres del fuero penal, deberán usar buenos antipolillas para sus trajes nuevos.
El rumor de la salida recorre los pasillos como un viento helado. Y ahí tenéis la fila de quienes se autoperciben «elegidos» —funcionarios que se creen en competencia para ser herederos— mandando a hacerse trajes a medida. Que si Picón, que si Saltor, que si Marranzino, etc… ¡bajen el perfil, dejen los trajes en el perchero y pongan bolitas antipolillas! Están mirando las luces del escenario y no ven que, detrás del telón, el sucesor ya está sentado a la mesa del domingo. Ustedes hacen fila para pedir la bendición, y el juego ya está terminado.

El «tesoro» de los cajones. Los PENDRIVE de Edmundo Pirincho Jiménez. La sucesión se discute en la mesa del domingo.
La transición no es de cargos, es de información. Y acá la cosa se pone picante. No me vengan con los pendrives de Adorni; acá estamos hablando de los pendrives de «Pirincho». Imaginen esto: años de expedientes, denuncias, favores y pecados, todo meticulosamente digitalizado. Carpetas que guardan los secretos de todos. Sí, lector, quizás hasta la suya esté ahí, guardada en esos cajones que, como muñecas rusas, esconden otros cajones infinitos.
Es un archivo que no se hereda en papeles, se transfiere en código binario. Por eso el nerviosismo se siente en el aire: hay que asegurar la herencia antes de que la puerta se cierre.

Un búnker de 178 millones gracias al Acuerdo 2206/2026 del TC
¿Alguien se preguntó por qué la urgencia, por qué ese presupuesto escalofriante de $178.380.164,28 destinados a un sistema de control de accesos en el edificio del Fuero Penal de calle España 432? No me hagan reír: no se trata de cuidar expedientes viejos. Se trata de proteger el «tesoro».
La movida fue oficializada mediante la Acordada de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán N° 492/2026 del 4 de junio, con el visto bueno exprés Acuerdo 2206 /2026 del Tribunal de Cuentas el 11 de junio. Es plata de todos: una parte del presupuesto ordinario y otra —la parte del león— de los «Excedentes Financieros» de la Ley 6.930. El Tribunal de Cuentas, siempre tan solícito, puso el sello de aprobación sin despeinarse. En Tucumán, parece que la seguridad de los archivos privados del poder vale mucho más que cualquier edificio público.

La dinastía familiar del nonagenario Edmundo Jiménez. ¿Quien se quedará con la llave? ¿A quien se descargaran los datos?
La pregunta del millón, esa que se susurra entre sombras, es una sola: ¿quién se quedará con la llave? La respuesta no habita en los anaqueles del Poder Judicial, sino en las raíces del árbol genealógico. Edmundo Jiménez recibe asiduamente en su despacho a su propia estirpe; decir ‘familiares’ es apenas un eufemismo, pues el despacho es hoy un nido de funcionarios designados por el propio Ministro donde se fragua la sucesión.
Se busca el tándem perfecto: un heredero bajo la luz y un arquitecto trabajando en las tinieblas. Una coreografía diseñada para que todo cambie sin que nada se mueva.
El sistema gira sobre el mismo y propio eje, sordo al clamor externo materializado en decenas de pedidos de juicios políticos contra el Ministro Publico siempre archivados.
Al caer la tarde en Tucumán, la duda queda flotando como un presagio: cuando el patriarca abandone el mando, ¿en qué manos caerá la llave de los archivos que hoy nos mantienen bajo vigilancia?



