«Tucumán se apaga: más de 500 comercios cerraron mientras la política cuida los cargos».

La realidad se impone sobre cualquier discurso oficial: locales vacíos, persianas cerradas y una economía que continúa perdiendo dinamismo. (Imagen Ilustrativa).

La crisis económica golpea con fuerza a Tucumán y deja una postal cada vez más preocupante: más de 500 comercios cerraron sus puertas, arrastrados por la caída del consumo, los aumentos permanentes de los costos fijos y la falta de perspectivas de recuperación.

Las pequeñas y medianas empresas, históricamente generadoras de empleo y motor de la economía local, atraviesan uno de los momentos más difíciles de los últimos años.

Con ventas desplomadas, tarifas elevadas, presión impositiva y una actividad comercial cada vez más deprimida, cientos de emprendedores y comerciantes se vieron obligados a bajar definitivamente sus persianas.

Sin embargo, mientras el sector privado lucha por sobrevivir, gran parte de la dirigencia política parece vivir en una realidad paralela. Los funcionarios se aferran a sus cargos, multiplican estructuras estatales y destinan esfuerzos a controlar el relato público, mientras la economía real se desmorona frente a sus ojos.

La preocupación crece entre empresarios y trabajadores que observan cómo desaparecen fuentes de empleo genuino sin que existan medidas concretas para incentivar inversiones, reactivar el consumo o aliviar la carga que soportan las pymes.

La Cámara de Comercio capitalina advierte sobre la pérdida de puestos laborales y exige medidas de alivio fiscal urgentes.

Cada comercio que cierra representa familias que pierden ingresos, empleados que quedan sin trabajo y barrios que ven apagarse su actividad económica.

En lugar de discutir soluciones para la producción y el empleo, la prioridad parece ser garantizar que algunos sectores mediáticos repitan que «todo está bien» en Tucumán. Pero la realidad se impone sobre cualquier discurso oficial: locales vacíos, persianas cerradas y una economía que continúa perdiendo dinamismo.

La pregunta que muchos tucumanos se hacen es cuánto más podrá resistir el sector privado mientras la dirigencia política continúa preocupada por conservar privilegios y controlar las críticas, en una provincia donde cada día resulta más difícil producir, invertir y generar trabajo.