Silencio de las pizarras: Crónica de un desastre.

Profesora Susana Montaldo, de tiza y el pizarrón.

En Tucumán, la educación se ha vuelto un pueblo fantasma. Se camina por los pasillos de las escuelas y lo que se escucha no es el bullicio de los niños y jóvenes aprendiendo, sino el eco de las carencias que rebotan contra paredes descascaradas.

La ministra, Susana Montaldo, firma papeles y dicta órdenes desde un despacho lejano, pero aquí, donde la tiza se acaba y el hambre aprieta, su nombre suena a puro viento. Un viento seco que no trae lluvia, sino olvido.

El Tribunal de cuentas en un documento que pesa como una piedra en el alma de la provincia, Acuerdo Nº 3883 del 2025, ha venido a confirmar lo que todos sospechábamos en los huesos: que el dinero de la educación anda por caminos que nadie conoce y cuentas que no existen en los libros, de fondos que llegan de lejos y se pierden en el aire como si fueran humo.

El Tribunal ha dicho que la gestión de Montaldo es un desorden de sombras.

El Acuerdo 3883 del 2025 HTC es desfavorable y el daño en educación es irreparable.

Entre las irregularidades más graves detectadas se encuentran, múltiples cuentas bancarias que no están registradas en el sistema oficial (SAFyC), utilizadas para manejar fondos de programas críticos como el INET (Ley 26.058), el Pacto Federal Educativo y fondos de UNICEF. Luego remesas destinadas a «Gestión Educativa», «Innovación Tecnológica» y «Formación Docente» fueron recibidas por el ministerio, pero no se registraron contablemente, impidiendo cualquier control sobre el ingreso real de estos fondos. También recursos para el «Mejoramiento de la Calidad Educativa» (P44) y el «Plan Nacional de Educación Digital» (P47) han operado bajo un esquema extrapresupuestario, evadiendo la transparencia que exige la Ley de Administración Financiera.

Mientras tanto, en las escuelas, los maestros estiran el sueldo como si fuera un pedazo de pan viejo, tratando de alimentar la esperanza en aulas que parecen olvidadas por Dios.

Miles de voces se alzaron bajo un cielo que quemaba las ideas, gritando por una dignidad que les han ido quitando de a poco, pedazo a pedazo. Los docentes salieron a decir que no se puede enseñar con el estómago vacío ni en edificios que se caen a pedazos mientras la ministra juega a los números escondidos.

Esa protesta fue el murmullo de los que ya no aguantan más. Fue el sonido de un pueblo de niños y jóvenes que se dio cuenta de que le están robando el mañana. Porque cada peso que no se anota, cada cuenta «paralela» que el Tribunal de Cuentas señala con dedo acusador, es un libro que no se abre, una estufa que no se prende, una oportunidad que se vuelve polvo.

El grito que se vuelve polvo y el desierto de Montaldo. Hizo que guardapolvos blancos ganaran la calle al grito de ¡memtirosa! Parecía una procesión de ánimas reclamando lo justo. Jaldo aunque dice que recibirá a los alumnos, guarda silencio sepulcral.

La gestión de Susana Montaldo en el Gobierno de Osvaldo Jaldo ha convertido a la educación tucumana en un campo estéril. No es solo que falte el dinero; es que falta el respeto. Se maneja el presupuesto como quien cuenta granos de arena en la oscuridad: sin luz, sin orden, sin que nadie sepa cuánto hay realmente.

Puerta de acceso a la Escuela Normal Juan Bautista Alberdi Tucuman, los alumnos en la calle exigiendo educación.

Estamos ante un desastre que no se arregla con discursos. Es el abandono de los vivos en manos de una burocracia que parece muerta. Si la educación es el camino, hoy en Tucumán ese camino está lleno de grietas y maleza.

Montaldo se ha quedado sola en su laberinto de expedientes mal hechos, mientras afuera, la realidad es un niño y un joven que espera una lección que nunca llega y un maestro que ya no tiene voz para seguir pidiendo justicia.

Aquí, en esta tierra de promesas incumplidas, el silencio de las pizarras es el grito más fuerte de todos. Y ese grito dice que el tiempo de Montaldo se ha terminado, antes de que el olvido termine de borrar lo poco que queda en pie.