
El aire en San Miguel se ha vuelto pesado, como si trajera el olor de la tierra removida.
Hoy es 29. Dice un pobre jubilado de la Plaza Independencia que va a reclamar aumento de jubilación todos los “miércoles” que, -hoy es el día en que los fantasmas cobran vida, aunque aquí los fantasmas no asustan, más bien indignan. Son los «ñoquis de oro», les dicen. Gente que nadie ve, que no tiene cara ni oficina, pero que cada fin de mes estira la mano para llevarse lo que a nosotros nos falta.

La imagen muestra a un grupo de figuras fantasmales y sin rostro que «emergen» de las sombras de la Legislatura más cara del país para robar el dinero público, los ñoquis de oro de los comensales que estaban sobre la mesa.
—Míralos bien —le dijo el viejo jubilado al joven que estaba sentado a su lado, señalando el edificio de la calle Muñecas. Allí adentro, los legisladores están sentados en bancas que brillan más que el sol, mientras afuera el agua se nos mete en las casas porque dicen que no hay plata para los ríos.

Un mar de oro es la sala de la legislatura de Tucumán, Bancas de Oro, donde la riqueza, el confort y la modernidad se encuentran.
Es una «Banca de Oro», dicen en los papeles. Cada uno de esos señores cuesta $228 millones al mes. Yo no sé cuánta plata es esa, pero el jubilado dice que con eso se podrían comprar todos los cerros y todavía sobraría para pagarle el entierro a la esperanza.
Pero el silencio de aquí no es un silencio de paz, es un silencio de miedo.
Dicen que vino gente de afuera, de la ONU, a preguntar por los gritos que se escuchan en las noches. Trajeron un informe que habla de torturas, de hombres que se vuelven sombra en las celdas, de una vergüenza que nos mancha a todos.
La tortura y violación a los DDHH es materia de observación en Naciones Unidas. Foto de la 83 reunión en la que se hablo de los casos de Tucuman.

Pero en la Legislatura nadie habla de eso. Allí se habla de quién se queda con la reelección, de quién pone a más parientes en la lista de los que no trabajan.
—Es el reino del revés —susurró el jubilado mientras masticaba una bronca vieja—. Los que deberían cuidarnos nos están asfixiando porque no acepta que una silla de oro valga por mil escuelas.
Subimos por el Aconquija buscando un aire que no estuviera podrido por la política.

Desde allá arriba, la ciudad se ve chiquita. Se ve como un hormiguero donde unos pocos se llevan todo el azúcar y el resto nos quedamos mirando cómo se viene la tormenta, castigo de Dios.
Porque Dios, dicen los legisladores de la banca de oro, nos va a castigar con más inundaciones. Dicen que el agua es un castigo del cielo por nuestras culpas, y no porque ellos se hayan gastado el dinero de los diques en pagarle el sueldo a esos muertos que caminan solo los días 29.
—¿Y si nos vamos, al campo? —le pregunté.
—¿A dónde? —me contestó él, sin mirarme—. En esta provincia, la censura es el único poncho que nos queda. Si hablas, te callan. Si pides, te olvidan. Y si te mueres, capaz que hasta te anotan como asesor para seguir cobrando tu nombre.

Casos de censura extrema : Dr Gustavo Morales Tortura Psicologica (no puede hablar por 6 años). Diputada Nacional Soledad Molinuevo censurada tras una acción judicial iniciada por Osvaldo Jaldo.
Abajo, en el valle, empezó a llover. Una lluvia mansa que pronto se pondría brava. Una lluvia que, según ellos, es voluntad de Dios, pero que nosotros sabemos que tiene el nombre de cada peso que se perdió en el laberinto de la «Banca de Oro».

Tucumán entre el hambre y la indigestión.
Hoy es 29, y en Tucumán, los platos están vacíos mientras los bolsillos de la casta rebalsan de un oro que huele a miseria.



