Tucumán: Capital nacional de la censura previa.

El Cinismo del “Jardín del Silencio”. Gobernador Osvaldo Jaldo y su Doble Discurso sobre la Libertad de Prensa, mientras el Dr. Gustavo Morales simboliza la mordaza, no solo para la prensa, sino para pueblo tucumano bajo amenaza real de censura
Autora Myriam Costilla Duyck para La Pluma Viral

Resulta difícil no sentir un ramalazo de indignación —o al menos de asombro ante semejante despliegue de hipocresía— al escuchar al gobernador Osvaldo Jaldo rasgarse las vestiduras por la libertad de expresión. En una de sus más recientes apariciones, el mandatario tucumano se permitió criticar al Gobierno Nacional por supuestas trabas al trabajo de los periodistas en la Casa Rosada, calificando estas acciones como impropias de un sistema democrático.

Sin embargo, para Jaldo, la democracia parece ser un concepto de exportación, algo que se exige afuera, pero se asfixia adentro.

Mientras Osvaldo Jaldo señala la paja en el ojo ajeno, el gobernador ignora deliberadamente la viga —o, mejor dicho, el garrote— que sostiene sobre la prensa y la oposición en su propia provincia.

Tucumán: El Jardín del Silencio Forzado

Hablar de libertad de prensa en el Tucumán de Jaldo es, como mínimo, un ejercicio de ficción. Bajo su gestión, la provincia está siendo observada por organismos internacionales como un territorio donde la censura previa ya no es una amenaza abstracta, sino una realidad dictada por sentencias judiciales.

Bajo el Gobierno de Jaldo, la comunicación oficial se empeña en componer una sinfonía de éxitos sobre un escenario donde el bienestar brilla por su ausencia.

El caso de la prohibición de criticar a fiscales y jueces —impulsada por el jefe de los fiscales, Edmundo Jiménez, y avalada por una justicia que parece escribir sus fallos en las oficinas de la Casa de Gobierno— es el ejemplo más obsceno de un “bozal judicial”. Pero el método, Jaldo no solo se apoya en fallos; también viaja por correo.

Las CARTAS DOCUMENTO DE CENSURA se han convertido en el “aviso del patrón”, una herramienta de disciplinamiento que busca secar la voluntad de quien se atreve a investigar el entramado de poder local.

 

El Caso Morales: Seis Años de Tormento

Si las CARTAS DOCUMENTO son la mordaza al periodismo, el caso del abogado Gustavo Morales es el recordatorio de lo que sucede cuando alguien se niega a callar. Su caso se trata del primer caso de experimento social de “disciplinamiento” al que es sometido un ciudadano tucumano. Cual presa de caza el Dr. Morales fue exhibido y llevado de manera tortuosa a su tormento para luego desaparecer como si se lo hubiera tragado la tierra y sin derecho a réplica. Recordemos el discurso del 1 de Marzo de 2025 :

ttps://drive.google.com/file/d/1tR-V_UNj9zfbJutvxwDb0g4KehMGSqrJ/view?usp=drive_link

No se debe olvidar que el Dr. Gustavo Morales, fue sometido a tortura física y actualmente está obligado a mantenerse en la tortuosa situación de mordaza -judicial inconstitucional-, no puede hablar públicamente por seis años lo cual se traduce en un suplicio humano insoportable para cualquier ciudadano y que en palabras simples se llama: “tortura psicológica”.

Dr. Gustavo Morales: -voy a hablar!

En Tucumán, investigar es “mentar al diablo”. En el caso Dr. Gustavo Morales, el abuso del ECIF (Cuerpo de Investigaciones Fiscales) al realizar “copias espejo” de la vida privada del Dr. Morales, hombre crítico al gobierno de Jaldo y el monitoreo permanente de celulares, fue la base de la causa, cual herramienta de una “zafra de almas” en búsqueda de la sumisión total.

Comisión Nacional Contra la Tortura, con informe en mano sobre la calamitosa situación en que se encuentra Tucumán, no valida la tortura psicológica:

Por su parte la Comisión Nacional Contra la Tortura ha registrado y denunciado, la situación de Tucumán ante Naciones Unidas, detenciones arbitrarias, hostigamiento digital y físico, hechos constantes que componen un cuadro de situación que avergonzaría a cualquier república que se precie de tal.
Es este el escenario donde Jaldo se atreve a dar lecciones de periodismo.
Es un cinismo total que un gobernador que preside una provincia donde se «habla bajito» por miedo al espionaje y a los allanamientos, pretenda erigirse en paladín de la libertad.

Donde el asfalto se cruza con la proclama. En las paredes de Tucumán, la República pide auxilio a golpe de pincel, recordándole a quien pasa que la lucha por el derecho y la verdad sigue latente en el corazón del norte argentino.

La Mentira de la República

En Tucumán, el aire no corre, se estanca. Y mientras el gobernador se solidariza con los periodistas porteños, los comunicadores tucumanos reciben sobres amarillentos bajo sus puertas con la firma de un juez. La libertad que Jaldo defiende es, en realidad, un privilegio para los amigos y un castigo para los que no se doblan.

Como bien dicen los pasacalles que hoy decoran las esquinas de una provincia cansada: «La República es una mentira en Tucumán».

Es hora de que el gobernador deje de mirar hacia Buenos Aires y comience a mirar su propio ombligo, antes de que el silencio que tanto ha cultivado termine por devorar lo poco que queda de institucionalidad.

Informe Especial de La Pluma Viral:

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