La crisis del saneamiento urbano en San Miguel de Tucumán sumó un nuevo y alarmante capítulo que pone en riesgo directo la salud pública de cientos de familias. En la calle Italia al 2900, casi al 3000, en el corazón del barrio Ampliación Jardín, la vida cotidiana se ha vuelto un calvario intolerable debido a un río constante de líquidos cloacales y agua potable desperdiciada que cubre de punta a punta la calzada.
A pesar de que el año pasado se inauguró el pavimento nuevo en la zona, la empresa estatal Sociedad de Aguas del Tucumán (SAT) nunca solucionó las fallas de las redes subterráneas, dejando al descubierto una alarmante desidia estatal que hoy inunda las veredas con un foco infeccioso insoportable.
Una vecina se quebró el brazo al intentar esquivar las cloacas

Una de las vecinas más afectadas se quebró el brazo tras sufrir una violenta caída al patinar frente a su propio domicilio, lo que la obligó a pasar 45 días con el brazo enyesado tras ser asistida de urgencia en un hospital de la zona. La damnificada relató con angustia su calvario: «Me fracturé en marzo. Tuve 45 días con yeso porque me caí resbalando, cruzando la calle en el cordón, justo en mi casa. Mi vecino me tuvo que ayudar y de ahí fue al hospital donde me hicieron radiografía y me enyesaron todo«. El desamparo es tan extremo que los propios vecinos debieron colocar tarimas y maderas para que los ancianos puedan salir a comprar. «Es un barrio de gente grande la mayoría. Ya se ha caído otra vecina acá y se ha quebrado el brazo, y pusimos tarimas para poder cruzar», alertaron los vecinos.
Los niños y ancianos viven enfermos en el barrio
La persistente inundación de aguas servidas no solo destruye la infraestructura vial, sino que actúa como un propagador de infecciones en una provincia duramente golpeada por epidemias de dengue. Las familias del barrio denunciaron con desesperación que los niños y ancianos viven enfermos debido al contacto diario con el agua contaminada que inevitablemente ingresa a los hogares a través del calzado y los neumáticos de los vehículos:: «Toda esta agua nosotros la llevamos adentro de la casa. Yo tengo nietos chicos, viven con fiebre, viven con diarrea». La proliferación de estos cuadros crónicos convive con la preocupante desidia de la prestataria: «Hacemos el reclamo y nunca vienen. Siempre ponen una excusa, que están trabajando las cuadrillas, pero aquí estamos cada vez más inundados con focos de infección del dengue y un olor nauseabundo».
Trampas viales: las motos se caen y patinan en el limo cloacal a diario

La calzada resbaladiza de la calle Italia representa una verdadera trampa mortal para el tránsito vehicular diario. Los vecinos relataron indignados cómo las motos se caen y patinan de forma reiterada sobre el asfalto cubierto de residuos cloacales, exponiendo a los conductores a graves golpes. «Varios vecinos ya se han caído, se han fracturado, las motos que pasan patinan, y para colmo los desaprensivos que pasan por las orillas te salpican todo», advirtió una de las damnificadas del barrio.
Ante esta situación límite, los comerciantes de la zona registraron un alarmante desplome en sus ventas, ya que la clientela prefiere evitar transitar por un sector intransitable y plagado de olores pestilentes. «Afecta a la salud y a la economía, porque hay negocios de ambas veredas donde la gente no puede ir a comprar; necesitan ir a la verdulería o al almacén y no pueden», explicaron los comerciantes del sector.
Tarifas de hasta $50.000 por un servicio deficiente y un expediente congelado hace dos años

Los usuarios detallaron que abonan tarifas de agua que oscilan entre los $36.000 y $50.000 mensuales, un costo altísimo por un servicio que no les permite consumir agua del grifo de forma segura, obligándolos a comprar agua mineral embotellada debido a la desconfianza por la calidad del suministro. «Pagamos 36.000 pesos, 50.000 algunas veces, le ponen el valor que quieren, pero estamos pagando un servicio y no vemos que haya mantenimiento. Esto es un desastre», denunció un frentista.
La indignación vecinal se profundiza al revelar que existe un expediente formalizado hace dos años ante los entes de control que no ha recibido ninguna respuesta ni visita técnica. «Hicimos una presentación, hay un expediente que hace dos años que está y nunca vinieron por acá», protestaron los tucumanos tras cortar la calzada como último recurso para exigir que los funcionarios se hagan cargo de garantizar el derecho básico de vivir dignamente.




