Mientras el debate político en Tucumán parece girar alrededor de candidaturas, internas y el reparto de cargos de cara a 2027, miles de familias enfrentan una realidad mucho más dura: llegar a fin de mes se ha transformado en una misión casi imposible.
La imagen de personas que recurren a la venta de sus electrodomésticos para conseguir dinero y comprar alimentos refleja el deterioro económico que golpea a numerosos hogares. La heladera, el televisor o el lavarropas dejan de ser bienes del hogar para convertirse en la única alternativa frente a las deudas y la falta de ingresos.

En una provincia donde muchas familias necesitan dos o hasta tres empleos para cubrir los gastos básicos, la pérdida del poder adquisitivo y el creciente endeudamiento exponen una situación social cada vez más delicada.
Para muchos trabajadores, el salario ya no alcanza para sostener el costo de vida.
En ese contexto, las prioridades de la dirigencia política quedan bajo la lupa.
Mientras los ciudadanos buscan desesperadamente cómo pagar las cuentas o conseguir alimentos, buena parte del debate público parece concentrarse en las estrategias electorales, los acuerdos partidarios y la disputa por los cargos que estarán en juego en 2027.
Las imágenes de familias desprendiéndose de sus bienes más valiosos para poder subsistir contrastan con una dirigencia que, para muchos ciudadanos, aparece más enfocada en el calendario electoral que en brindar respuestas concretas a la crisis económica y social.
Cuando una familia vende su heladera para comprar comida, el problema deja de ser una estadística y se convierte en una señal del profundo deterioro que atraviesa la sociedad.
Esa realidad interpela tanto a quienes gobiernan como a quienes aspiran a hacerlo: las urgencias de la población difícilmente puedan esperar a la próxima elección.




