¿Peronismo libertario o peronismo enfrentado?

El peronismo tucumano vuelve a entrar en zona de tormenta. Mientras algunos dirigentes intentan sostener una estructura política que pierde fuerza territorial, Juan Manzur habría comenzado a mover piezas para construir una alternativa capaz de disputar el poder al denominado “patroncito” y al actual esquema conducido por Darío Monteros.

En ese tablero aparece un encuentro de fuerte peso político: Manzur y Catalina Lonac, en una reunión que habría servido para avanzar en el armado y, especialmente, para aceitar futuros encuentros entre Lonac y el propio Manzur.

La señal es clara.

El exgobernador no parece dispuesto a esperar sentado las decisiones de quienes hoy controlan el aparato oficialista.

El movimiento tampoco se limitaría a una interna partidaria. En el entorno manzurista analizan la posibilidad de construir una herramienta electoral por fuera del PJ si el peronismo no encuentra un mecanismo democrático de competencia interna. La posibilidad de una intervención partidaria también aparece como una amenaza latente si el conflicto interno escala.

Un PJ partido y un tablero que se recalienta

Durante este fin de semana largo, operadores y dirigentes vinculados a distintos sectores del peronismo habrían mantenido una intensa actividad política. Los llamados “satélites” enviados desde La Plata también estuvieron activos, alimentando la sensación de que la disputa tucumana ya dejó de ser exclusivamente tucumana.

Manzur, mientras tanto, tendría una carta adicional: competir por fuera de la estructura formal del PJ mediante un frente que reúna a distintos partidos políticos y sectores sociales, sindicales, empresariales y sobre todo los dirigentes heridos desde el año 2.023.

El objetivo sería construir una estructura suficientemente amplia para enfrentar al desgastado oficialismo provincial sin depender exclusivamente de una interna peronista que, a esta altura, parece cada vez más difícil de ordenar.

Empresarios, sindicalistas y un frente amplio

En el armado también aparecen empresarios de peso y sectores sindicales que, por ahora, prefieren mantener bajo reserva su participación; por temor a eventuales represalias políticas explicaría el bajo perfil de algunos dirigentes que ya estarían conversando con el espacio.

La apuesta manzurista buscaría sumar además a sectores empresariales fuertes y dirigentes comprometidos con una alternativa política para Tucumán.

Y, en un armado que pretende ser transversal, tampoco estaría descartada la incorporación de figuras inesperadas. El proyecto, según esta lectura, busca convertirse en un frente amplio donde nadie debería sorprenderse si hasta “la Bomba Tucumana” termina apareciendo en alguna foto.

La definición más dura del escenario es también la más incómoda: el denominado “peronismo libertario” enfrenta una disyuntiva cada vez más evidente. O consigue ordenar sus filas y evitar una interna destructiva, o terminará enfrentando una estructura alternativa que podría dejarlo fuera de la pelea por el poder.

La disputa ya no sería solamente por una candidatura.

Es una pelea por el control del peronismo tucumano y, fundamentalmente porque perdieron la esencia del peronismo.

El manzurismo parece haber decidido que no quiere mirar la pelea desde afuera.

Y si finalmente los números electorales no acompañan al oficialismo, el problema para el sector gobernante no será solamente perder una elección: podría ser perder el control del tablero político.

En Tucumán, la partida recién comienza. Pero las primeras fichas ya fueron movidas.