

Justo al comienzo de clases, los recientes hechos de violencia sucedidos en diversas escuelas secundarias públicas y privadas de Tucumán, han encendido las alarmas entre autoridades educativas y padres de familia. Existe una estrecha y preocupante relación entre la violencia escolar y el inicio en el consumo de drogas legales e ilegales.
La escuela radicionalmente concebida como un refugio de aprendizaje y seguridad, enfrenta hoy una amenaza que no distingue entre niveles socioeconómicos ni gestiones públicas o privadas: la venta de drogas en sus inmediaciones avanza sin freno sobre las nuevas generaciones.

Lo que ocurre en la puerta de los colegios es el síntoma de una enfermedad social más profunda.
El aumento exponencial de la comercialización de estupefacientes cerca de los centros educativos pone de manifiesto cómo el narcotráfico ha convertido a los adolescentes en su «mejor negocio potencial».

El código de silencio y la responsabilidad comunitaria
Uno de los mayores obstáculos para combatir este flagelo es el **código de silencio**. Aunque docentes y padres identifican situaciones sospechosas o incluso alumnos reclutados por bandas para el comercio en las veredas, el temor a represalias frena la acción judicial. Es vital recordar que la venta de drogas es un delito federal y que existen mecanismos para denunciar de forma anónima, buscando proteger la integridad de quienes dan la voz de alarma.

La cercanía de los establecimientos a zonas vulnerables o «búnkeres» facilita la infiltración de estos mercaderes, quienes aprovechan los horarios de entrada y salida para ofrecer mercancía fraccionada casi sin disimulo.
Peleas y acoso: el pan de cada día
La mayoría de los alumnos cuentan una historia distinta, pero en los hechos muchos estudiantes han participado en peleas físicas dentro de la escuela. El acoso escolar o “bullying” no se queda atrás como problema grave en su entorno.

Mientras que los adultos suelen intervenir, casi la mitad de los estudiantes que presencian actos de violencia deciden no involucrarse, lo que permite que el ciclo de agresión se perpetúe.
Alcohol y marihuana: disponibilidad a la mano
El consumo de tabaco y la marihuana son moneda corriente. Un factor crítico es la baja percepción de riesgo; muchos jóvenes no consideran que el consumo diario sea peligroso, facilitado por la cercanía de puntos de venta incluso dentro a los centros educativos.
El “bullying” no debe verse como un «rito de paso» o algo normal del desarrollo, sino como un problema de salud pública. Es fundamental que la escuela no sea solo un lugar de instrucción académica, sino un espacio con psicólogos y personal especializado que atienda estas crisis.
El camino es caro, se requiere de una alianza entre el Ministerio de Educación, los maestros y, fundamentalmente, la familia, para detectar a tiempo las señales de alerta y evitar que la violencia escolar sea la puerta de entrada a la delincuencia o las adicciones.

La respuesta del Poder Ejecutivo es más violencia, violación a los tratados internacionales de DDHH en relación a NNyA y autorización para institucionalizar en Benjamín Paz gueto de tortura observado por Naciones Unidas y causal de pedido de Intervención Federal.
¿Que requiere una política de Estado que luche contra el narcotráfico en las escuelas? El acompañamiento físico de los padres en los trayectos escolares como primera barrera de protección. Una estrategia integral que desarticule la connivencia entre sectores de las fuerzas de seguridad, funcionarios y la justicia.
Abordar las causas que llevan a los jóvenes a ser cooptados por estas redes.




