Mario Leito y el escándalo del clan familiar en la Legislatura.

Mario Leito, casta política en primera persona (Imagen Ilustrativa con IA)

Mientras miles de familias tucumanas hacen malabares para llegar a fin de mes, recortan gastos esenciales e incluso venden sus bienes para poder poner un plato de comida sobre la mesa, la dirigencia política sigue dando señales de vivir en una realidad completamente distinta.

Mario Leito concentra una extensa trayectoria política e institucional: es legislador provincial, dirigente del Partido Justicialista y presidente de Atlético Tucumán, acumulando responsabilidades que inevitablemente lo colocan bajo un fuerte escrutinio público.

En ese contexto, resulta legítimo que la sociedad exija respuestas claras sobre los criterios utilizados para las designaciones dentro de la administración pública. Si existen cuestionamientos sobre la incorporación de allegados, familiares o personas vinculadas políticamente, corresponde que toda esa información sea pública y transparente, para despejar cualquier duda sobre favoritismos o privilegios. Como, por ejemplo:

La distancia entre la política y la realidad cotidiana parece agrandarse cada día.

Mientras muchos tucumanos luchan por conservar su trabajo o alimentar a sus familias, el debate sobre los cargos públicos, las categorías más altas y el crecimiento de las estructuras estatales genera un profundo malestar social.

La ciudadanía espera representantes comprometidos con resolver los problemas de la provincia, no con alimentar la percepción de que el poder sirve para beneficiar a los propios. La confianza en las instituciones solo podrá recuperarse cuando cada nombramiento pueda explicarse con criterios objetivos, capacidad y transparencia.

Porque en una provincia golpeada por la pobreza y la falta de oportunidades, el verdadero privilegio debería ser gobernar con austeridad y rendir cuentas, no ampliar la distancia entre la dirigencia y los ciudadanos que todos los días sostienen con su esfuerzo el funcionamiento del Estado.