La llegada de León XIV a Buenos Aires abrió una disputa entre el Gobierno porteño y los organizadores de la Marcha del Orgullo. La Ciudad pidió trasladar la movilización del 7 al 21 de noviembre por razones de seguridad y logística, pero la Comisión Organizadora rechazó el pedido y ratificó la fecha original.
La visita del papa León XIV a la Argentina ya genera una controversia en Buenos Aires. La 35ª Marcha del Orgullo, prevista para el sábado 7 de noviembre, un día antes del arribo del pontífice, continuará —según sus organizadores— en la fecha anunciada pese al pedido del Gobierno porteño para reprogramarla.
La administración de la Ciudad propuso trasladar la movilización al 21 de noviembre, argumentando que el operativo previsto para recibir al Papa demandará un importante despliegue de seguridad, tránsito, emergencias y logística. Además, estableció restricciones para la realización de eventos en el espacio público durante el período comprendido entre el 6 y el 13 de noviembre.
Desde el Gobierno porteño sostienen que la medida responde exclusivamente a cuestiones operativas y que no está relacionada con el contenido de la Marcha del Orgullo. La Ciudad también advirtió que, de mantenerse la convocatoria el 7 de noviembre, no podría brindar el acompañamiento habitual que presta a este tipo de acontecimientos.
Ese respaldo incluye infraestructura y servicios como escenario, baños químicos, ambulancias, ordenamiento del tránsito y otros recursos operativos.
Pero los organizadores no aceptaron la propuesta.
La Comisión Organizadora argumentó que modificar la fecha tendría consecuencias concretas para miles de personas que ya planificaron su participación. Viajes desde distintas provincias, reservas de alojamiento, colectivos y delegaciones, además de compromisos asumidos por artistas y organizaciones sociales, políticas, sindicales, estudiantiles y de derechos humanos, fueron programados con meses de anticipación.
Desde la organización también remarcaron que ni el Gobierno nacional ni el Vaticano solicitaron modificar la fecha de la marcha. Por eso, consideran que la Ciudad debería reforzar la coordinación de sus recursos para garantizar ambos acontecimientos.
El planteo de los organizadores es concreto: Buenos Aires debería estar en condiciones de recibir al Papa y, al mismo tiempo, garantizar el derecho a la movilización previsto para el día anterior.
La discusión, entonces, no pasa solamente por mover una fecha en el calendario. Para quienes convocan la marcha, cambiar el 7 de noviembre significa alterar una planificación federal que comenzó meses atrás y que involucra a miles de personas.
Mientras tanto, el Gobierno porteño sostiene que la magnitud del operativo papal obliga a concentrar los recursos disponibles durante esos días. Los organizadores, en cambio, insisten en que la respuesta debería ser una mayor coordinación estatal y no el traslado de una movilización ya organizada.
Por ahora, la Marcha del Orgullo mantiene su convocatoria para el 7 de noviembre, mientras la llegada de León XIV está prevista para el 8, dejando abierta una disputa política, logística y administrativa que deberá resolverse en las próximas semanas.




