La UCA advirtió que baja el desempleo, pero crece la precariedad laboral.

Un informe de la universidad muestra que la desocupación disminuyó en los últimos 15 años, pero crecieron el autoempleo y la informalidad.

El estancamiento económico, la baja productividad y la inestabilidad de los últimos 15 años no se tradujo en un aumento del desempleo. Por el contrario, la cantidad de personas que se incorporaron al mercado de trabajo (ya sea porque encontraron un empleo o porque salieron a buscarlo) siguió en aumento, mientras que la desocupación se redujo.

La contracara de esto es que el mercado laboral tiene dificultades sostenidas para generar empleo productivo y de calidad, y se ha incrementado el autoempleo, en condiciones de mayor precariedad e ingresos bajos.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (Universidad Católica Argentina) presentó un documento que aborda “El deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la Argentina” entre 2010 y 2025. Y analiza este vínculo entre la baja desocupación y la expansión de la informalidad, con datos de la Encuesta Permanente de Hogares, del Indec.

En 2010, la tasa de actividad era del 44,7% y en 2025 se elevó a 47,5%. La desocupación, en tanto, era del 7,4% 15 años atrás, y en el tercer trimestre del año pasado, del 6,3% (después de un pico de 11,4% en 2020, por la pandemia).

Incremento de la informalidad laboral

Sin embargo, cuando se analiza la composición del empleo surge que, en el sector privado, los asalariados formales bajaron de 33,2% a 31,3%, mientras los no asalariados formales (quienes prestan servicios como monotributistas o autónomos) subieron de 3,4% a 3,7%.

En tanto, dentro del sector microinformal, los no asalariados informales aumentaron del 28,2% al 31,7%, al tiempo que los asalariados informales bajaron de 18,2% al 16,6%.

Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, autores del informe, resaltan que el deterioro económico no se expresó, como en otros momentos históricos, en mayor desocupación, sino en una degradación del empleo.

Es decir, se sostiene el trabajo, pero en condiciones cada vez más regresivas, con un crecimiento del autoempleo en actividades independientes de baja escala y productividad, menor certeza, baja protección y salarios inferiores.