La Rioja vuelve a poner en circulación una herramienta que, lejos de ser una simple curiosidad económica, expone las dificultades que atraviesa la economía provincial. El Gobierno de Ricardo Quintela relanzó los “Chachos”, la cuasimoneda creada por la provincia, con el argumento de incentivar el consumo, fortalecer el comercio y darle oxígeno a la actividad local.
La nueva medida contempla una ayuda extraordinaria de 50.000 Chachos para unos 80.000 beneficiarios. En términos nominales, la iniciativa representa una inyección equivalente a $4.000 millones en la economía riojana.
El mecanismo busca que ese dinero no quede inmovilizado y circule rápidamente entre comercios, consumidores y el propio Estado. Los Chachos mantienen una paridad de 1 a 1 con el peso, y más de 800 comercios ya se incorporaron al sistema.
Pero la cuasimoneda no se limita al consumo cotidiano. También puede utilizarse para cancelar impuestos provinciales, tasas municipales y determinados servicios estatales, convirtiéndose así en una herramienta que atraviesa tanto la economía familiar como las obligaciones tributarias.
Una apuesta que vuelve a generar interrogantes
El relanzamiento de los Chachos abre nuevamente el debate sobre la situación financiera de La Rioja y sobre la capacidad de la economía provincial para generar actividad genuina.
Para el Gobierno, la emisión representa una herramienta para poner dinero en los bolsillos y dinamizar el comercio. Para sus críticos, en cambio, la aparición recurrente de una cuasimoneda es una señal de las dificultades que enfrenta la provincia para sostener el consumo y disponer de liquidez suficiente.
La pregunta de fondo es inevitable:
¿Los Chachos serán un verdadero motor de la economía o apenas un parche frente a una crisis de mayor profundidad?
Mientras los comerciantes esperan que el dinero efectivamente se transforme en ventas y los beneficiarios puedan utilizarlo sin restricciones, el Gobierno de Quintela vuelve a apostar por una fórmula que ya había generado discusión política y económica.
La Rioja experimenta otra vez con su propia moneda.
Esta vez, la apuesta es que los $4.000 millones equivalentes no sean solamente una cifra en los papeles, sino que recorran los negocios, lleguen a las familias y ayuden a mantener encendida una economía que necesita mucho más que una inyección extraordinaria para recuperar fuerza.




