Jaldo, del discurso peronista a una gestión alineada con Milei.

La política suele juzgarse menos por los discursos que por las decisiones. Y en Tucumán, cada vez son más los sectores del peronismo que cuestionan si el gobernador Osvaldo Jaldo continúa representando las banderas históricas del movimiento o si, por el contrario, su gestión tomó un rumbo cada vez más cercano a las políticas impulsadas por el Gobierno nacional de Javier Milei.

Para buena parte de la militancia, el peronismo no se define por una afiliación partidaria ni por un acto político.

Se define por la defensa de los jubilados, la salud pública, inversiones reales, trabajo genuino, el fortalecimiento de la universidad pública, la protección del salario, la inversión en obras de infraestructura que eviten inundaciones y la presencia del Estado junto a quienes más lo necesitan.

Sin embargo, los críticos sostienen que esas prioridades quedaron relegadas. Mientras miles de jubilados reclaman por la pérdida de poder adquisitivo, estudiantes defienden la educación pública y trabajadores públicos y privados enfrentan salarios que no logran seguir el ritmo de la inflación y el aumento de las tarifas, el oficialismo tucumano eligió acompañar, mediante el quórum o el voto de sus representantes nacionales, gran parte de las iniciativas promovidas por el Poder Ejecutivo nacional.

El bloque Independencia, integrado por diputados como Javier Noguera, Gladys Medina y Elia Fernández, ha respaldado diversos proyectos enviados por la administración nacional. Ese comportamiento parlamentario alimentó las críticas de quienes consideran que existe una contradicción entre el discurso peronista y las decisiones políticas adoptadas.

Para esos sectores, Jaldo parece ser peronista en la identidad partidaria, pero liberal en la práctica de gobierno.

Afirman que las doctrinas históricas de Juan Domingo Perón y Eva Perón, centradas en la justicia social, la defensa de los trabajadores y la movilidad social ascendente, fueron reemplazadas por una estrategia de cercanía política con la Casa Rosada.

Las críticas también apuntan a la falta de respuestas estructurales para problemas históricos de Tucumán.

Las inundaciones continúan afectando distintas localidades, mientras vecinos reclaman obras definitivas que eviten repetir las mismas emergencias año tras año. Al mismo tiempo, persiste el malestar por la situación salarial de empleados públicos y privados, quienes aseguran que sus ingresos pierden poder de compra frente al incremento constante del costo de vida.

Otro de los cuestionamientos gira en torno al acompañamiento legislativo a iniciativas nacionales que, según sus detractores, impactan sobre el bolsillo de los sectores más vulnerables. Para la oposición interna del peronismo, esas decisiones se alejan de los principios históricos del movimiento y profundizan el malestar social.

En ese contexto, dentro del peronismo tucumano crece una pregunta que comienza a escucharse con fuerza en la militancia: si las políticas que se acompañan son las mismas que impulsa La Libertad Avanza,

¿Qué diferencia existe hoy entre quienes gobiernan Tucumán bajo el sello del peronismo y quienes representan al oficialismo nacional?

El debate está abierto y promete intensificarse de cara a los próximos desafíos electorales. Porque, para muchos militantes, la discusión ya no pasa por las etiquetas partidarias, sino por una pregunta de fondo: si el peronismo abandona sus principios históricos, ¿sigue siendo peronismo o se convierte en otra expresión política con un nombre diferente?