
Redacción Central – Primicia exclusiva de La Pluma Viral
¿Se acuerdan? Hace poco nos enterábamos con indignación cómo la Corte Suprema de Justicia de la Provincia (CSJT) decidió gastar una montaña de plata —plata que sale de su bolsillo, señor contribuyente, de ese impuesto que paga ajustándose el cinturón— para levantar una mampara de cristales blindados en el segundo piso del Palacio, este medio digital La Pluma Viral fue el único medio que abordo la temática y el eco llego a Buenos Aires.

Patrimonio destrozado y leyes pisoteadas. Los cortesanos olvidaron que el Palacio de Tribunales además de no pertenecerles -no es la casa quinta de Daniel Leiva ni el living de los vocales-, es un monumento histórico nacional por lo que ya llego a conocimiento de la Comisión Nacional de Monumentos esta escandalosa obra.
El Palacio de Tribunales —obra maestra del arquitecto Francisco Squirru y pilar fundamental de nuestra identidad urbana— es un Monumento Histórico Nacional. ¿Sabe qué significa eso, señor lector? Significa que no se puede tocar ni un picaporte sin la autorización de expertos y organismos de protección.

¡Cualquier modificación exige un expediente!, solo el cambio de los vidrios del Palacio Heller se salva por ser emergencia menor; lo demás requiere el aval de la Comisión Nacional de Monumentos. ¡Hicieron una obra millonaria violando las normativas de preservación histórica!
La ley es clara, drástica e implacable para el ciudadano común: incumplir los protocolos de protección histórica acarrea sanciones severas. Sin embargo, para la Corte de Leiva, las leyes parecen ser un mero adorno decorativo que se archiva en el fondo de un cajón.
Montaron estructuras metálicas y paneles de vidrio sobre una arquitectura clásica, sobria y simétrica, escupiéndole el asado a la historia de Tucumán y pisoteando las normas con total impunidad.
El grito de la historia: ¡Nunca Más al feudo judicial!
¿Hasta cuándo vamos a tolerar este desmadre feudal?
El Palacio de Tribunales no es propiedad privada de los vocales; es el palacio de todos los tucumanos, y tenemos el derecho sagrado e indiscutible de transitar libremente por sus pasillos sin que nos interpongan aduanas interiores ni controles castrenses ya que es un ámbito de trabajo de la administración publica.

Como decía el inolvidable fiscal Julio César Strassera en una frase que ya no pertenece a nadie porque es patrimonio eterno de todo el pueblo argentino: ¡Señores jueces, NUNCA MÁS! No podemos seguir permitiendo que la justicia se encierre en peceras blindadas mientras le da la espalda a la Constitución.
¡A desarmar la pecera, señores! La justicia en Tucumán o es de los ciudadanos, o no es justicia.



