Fiesta del Colegio de Abogados sin abogados, pagada por FACA.

FACA y el centenario del CAT de luto. Cuando el brindis federal enciende la furia de los abogados de a pie.

Por Redacción Central, La Pluma Viral

Hablemos sin anestesia. Mientras la Justicia provincial agoniza y el sistema republicano se quiebra en Tucumán con leyes a medida, el Colegio de Abogados (CAT) decidió que lo mejor era ponerse a brindar. Cien años de historia celebrados con una gran omisión: se olvidaron de invitar a los abogados.

Fiesta del CAT en el Catalinas Park sin abogados.

¿De qué se ríen, muchachos?, A pocas horas de tratarse en la legislatura la aprobación de la escandalosa ley 9987 -que destruye el sistema republicano de división de poderes y crea un órgano judicial multifuero competencial que, destruye conjuntamente al juez natural y al CAM y los abogados y abogadas están ahogados por las incompetentes OGAS-, la casta política y los directivos del Colegio de abogados armaron una comilona en el Hotel Catalinas Park propiedad de los intocables Caty Lonac y Rochia Ferro, dueños también de esa usina de legisladores que es la Universidad San Pablo T—, allí aplaudieron a la casta judicial y a otros mandamases de los poderes ejecutivo y legislativo.

¿Los abogados de a pie? ¡Afuera!, pagando una cuota que financia las relaciones públicas del poder.

FEDERACION DE COLEGIOS DE ABOGADOS DE ARGENTINA habría pagado la fiesta del Colegio de Abogados –sin abogados invitados- según palabras del Presidente del CAT mediador Alberto López Domínguez.

Cuando en los primeros días de esta semana el presidente del CAT, el mediador Alberto López Domínguez, fue arrinconado en una durísima reunión de la comisión de trabajo por sus pares indignados, no supo darles explicaciones. ¿Su coartada? Magistral por lo cínica: «La fiesta No la pagó el Colegio, la pagó FACA» (la Federación Argentina de Colegios de Abogados).

¡Ah, bueno! ¡Qué alivio! Si lo paga FACA, el agravio se borra, la complicidad desaparece y la entrega de la independencia institucional se convierte en un simple ágape federal. ¡Dejen de tomarnos el pelo!

El prontuario de la genuflexión es evidente en el caso más aberrante que se tenga memoria en Tucumán, el abogado penalista Gustavo Morales, actualmente torturado, mientras guarda silencio cómplice quien preside el CAT Alberto López Domínguez.

El silencio del CAT ante los atropellos institucionales del poder de turno no es un descuido: es un negocio cerrado.

¿Dónde estaba el Colegio cuando se pisoteaban las garantías constitucionales?

¿Dónde estuvo y está la voz del CAT ante el gravísimo calvario del abogado Gustavo Morales, sometido hoy a mordaza y a una flagrante tortura psicológica mientras los defensores del statu quo miran para otro lado?

Hugo Santillán pide que se excluya de la matricula al abogado condenado por abuso sexual José Orellana.

Y como si el combo de impunidad y opacidad fuera poco, el centenario de la institución está salpicado por otro escándalo monumental: el pedido formal presentado por el ciudadano Hugo Aldo Santillán exigiendo la exclusión definitiva de la matrícula de José Fernando Orellana, un abogado egresado de la Universidad San Pablo T que carga con una condena firme por abuso sexual y una inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

Abogado José Fernando Orellana egresado de San Pablo T, condenado por abuso sexual, deberá ser excluido de la matricula.

Claro, mover fichas contra un aliado pesado incomoda al presidente López Domínguez, que prefiere festejar y hacer fuerza junto a la casta para cajonear la decencia mientras afina los instrumentos para la próxima foto.

Enredado Alberto López Domínguez ¿Y ahora qué festeja el 31 de julio?

Ahora resulta que, como el papelón trascendió y la vergüenza ajena quema en los pasillos de calle Congreso al 400, los popes del CAT organizan un nuevo festejo oficial para este 31 de julio.

Quieren tapar el sol con las manos y superarse con otro evento pomposo.

El diagnóstico es claro: ya vimos quiénes se reparten la torta y quienes estarán sentados en la primera fila.

Señor presidente mediador Alberto López Domínguez: usted ya festejó, ya brindó y ya comió con la casta. ¿Qué pretende ahora que su fiesta y canapé no se manchen?

La abogacía tucumana tiene memoria implacable y este tramo del CAT será recordado como una vergüenza.