
Por Redacción Central La Pluma Viral
En la Argentina de las apariencias y las ventajitas miserables, la Federación Económica de Tucumán (FET) acaba de anotar un nuevo récord en el podio del cinismo institucional.

En los últimos días, su titular, Héctor Viñuales, salió ampuloso por los medios locales a «alertar» sobre la ferocidad de los embargos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). (imagen representativa IA).
Habló con la contundencia impostada de quien simula pelear por el empresariado, pero con la impunidad del que sabe que está vendiendo humo del malo.
La realidad es infinitamente más vulgar: la FET no presentó absolutamente nada. Lo de Viñuales no fue una gestión; fue un burdo y descarado plagio.

Unión Industrial Argentina (UIA), conducida por Martín Rappallini, acciona contra ARCA.
El reclamo técnico, concreto y fundamentado ante ARCA para frenar por 180 días los embargos que estrangulan a las empresas no salió de las oficinas tucumanas. Fue impulsado en Buenos Aires por la Unión Industrial Argentina (UIA), conducida por Martín Rappallini, tras una reunión formal de su departamento tributario con el organismo recaudador. La UIA presentó números, advirtió sobre la caída del empleo y negoció plazos. Mientras tanto, en Tucumán, la cúpula federativa dormía la siesta oficialista.

Gregorio Werchow Secretario de la FET y de CAME es el ventrílocuo quien pone las ideas y la voz a Héctor Viñuales y a todo el entorno del gremio de los empresarios. (imagen representativa IA).
Cuando Héctor Viñuales y su socio Gregorio Werchow vieron el comunicado nacional, se apoderaron del trabajo ajeno, le pegaron el sello de la FET y salieron a posar de héroes gremiales.
Una vergüenza descomunal.
Pero el plagio es apenas la punta del iceberg de una entidad completamente vaciada de representatividad.
¿A quién representa hoy Héctor Viñuales?
Ciertamente no al comerciante de a pie, ni al dueño del taller PyME que junta moneda sobre moneda para pagar tarifas impagables y sueldos a fin de mes.

Viñuales encarna a una especie de gremialismo empresarial de salón, ese que vive financiado con la billetera ajena del Estado y que transformó a una institución histórica en un dócil apéndice del gobierno de Osvaldo Jaldo.
Es la política del aplauso fácil y la obsecuencia a cambio de negocios y agasajos de alto nivel. Mientras Tucumán encabeza el trágico récord de cierres de empresas en el NOA —con 255 firmas caídas y miles de familias en la calle—, la conducción de la FET apela a la mentira sistemática para mantener la chapa institucional.

Convenio en mano Jorge Blanco, Domingo Amaya, Héctor Viñuales y Gregorio Werchow. La Justicia federal allanó la residencia del empresario tucumano Jorge Blanco, presidente del Banco Sucrédito, en el marco de la investigación por maniobras irregulares con el dólar blue durante la vigencia del cepo cambiario. Blanco, figura relevante del sector financiero local, aparece vinculado a operaciones que involucran a casas de cambio bajo sospecha y a Elías Piccirillo, según los elementos reunidos por el juez Ariel Lijo y el fiscal Franco Picardi.
Controlan casilleros en el Ente de Turismo de Tucumán, la Cámara Argentina de Turismo, FEDECATUR y CAME entre otras entidades, pero no le aportan absolutamente nada al empresariado ni a la provincia.
El espectáculo es patético pero revelador: empresas quebradas, pasillos oficiales complacientes y una dirigencia empresarial de la FET que, al no tener una sola idea propia para defender al sector productivo, decide robarse las carpetas de la UIA para seguir bailando en el Titanic.



