
Tras las lluvias, vecinos de Villa San Roque (ex Colonia 5, Santa Ana) quedaron atrapados por caminos intransitables. Apuntan contra el desinterés del delegado comunal Hernán Romano y la ausencia de respuestas del ministro del Interior, Darío Monteros.
Las precipitaciones volvieron a dejar en evidencia la cruda realidad que padecen a diario los habitantes del interior tucumano. En Villa San Roque (ex Colonia 5), localidad perteneciente a Santa Ana en el departamento Río Chico, las lluvias transformaron los caminos de tierra en un verdadero lodazal de huellas profundas y barro impenetrable.
El interior olvidado: intransitables y sin salida
A través de registros visuales compartidos, la comunidad expuso la gravedad de una situación que va mucho más allá de la incomodidad vehicular: se trata de una emergencia humanitaria y sanitaria. Ante una urgencia médica, los enfermos quedan completamente desamparados, sin una salida digna ni segura para recibir atención profesional.
La excusa del presupuesto y el silencio político
Lejos de asumir el rol institucional que les compete, las autoridades locales y provinciales optan por dar la espalda a las necesidades básicas del pueblo. Uno de los vecinos afectados increpó directamente al delegado comunal, Hernán Romano, quien se escudó en la supuesta falta de presupuesto para justificar la negativa a construir el puente que la zona reclama históricamente. «La gente no tiene cómo salir con estas lluvias. Vivimos en unos caminos horribles», expresó con indignación un vecino.
Sin embargo, el repudio generalizado no recae únicamente sobre la comuna. La desidia se extiende hacia la órbita provincial, recayendo severamente sobre el ministro del Interior de Tucumán, Darío Monteros, señalado por la comunidad por mirar hacia un costado y no hacerse responsable de la infraestructura crítica que necesita el sur tucumano.
Exigencia urgente de obras estructurales
El reclamo vecinal en Villa San Roque muestra una vez más el abandono sistemático al que son sometidas las comunas rurales. Los habitantes no piden privilegios, exigen derechos básicos: caminos transitables y un puente que garantice que ninguna vida corra riesgo por la desidia gubernamental.
La falta de gestión de Hernán Romano y la inacción política de Darío Monteros condenan a los vecinos del interior a un aislamiento inaceptable.



