El clan Gallia Albarracín: el cambio de cara que nunca llega a Lules

Dos gestiones vinculadas políticamente y una ciudad que todavía reclama una transformación profunda.

Mientras el relato oficial festeja un supuesto «cambio de rostro» a base de pauta publicitaria en medios pagados con fondos públicos, la gestión municipal de Marta Albarracín —heredada directamente de su compañero de vida y actual legislador, Carlos Gallia— acumula un fracaso tras otro. Del megaestadio milmillonario para 50.000 personas no quedó ni el polvo, y los luleños siguen padeciendo calles anegadas, matorrales y baches interminables. El relato no tapa la desidia.

Cumplir tres años en el poder da para todo, incluso para inventar un relato de transformación urbana que solo existe en las pantallas de los celulares y en los contratos publicitarios de medios oficialistas.

Tres años de gestión y una pregunta que sigue vigente: ¿dónde está el cambio que esperan los vecinos?

Tres años de aplausos, pero ¿dónde está el cambio?

Hace unos días, la intendenta de Lules celebró su trienio de gestión en un festejo solitario, blindado por aplaudidores seriales y cuentas mandadas a militar en las redes sociales. Fuera de ese microclima de loas rentadas, la realidad de los vecinos choca contra una pared de abandono.

En medio de los festejos apareció una publicación del periodista Tomás Fernández, con un título que llamó particularmente la atención: «Marta Albarracín, la mujer que en tres años le cambió el rostro a Lules».

La frase suena contundente. Pero también invita a una pregunta incómoda: ¿de qué rostro estamos hablando?

La imagen que acompañó la publicación también dejó tela para cortar. En ella aparecen los nombres de Marta Albarracín y Carlos Gallia, identificados como intendenta y legislador, respectivamente. No es un detalle menor: Gallia fue el anterior intendente y, además, compañero de Albarracín.

Entonces, si Albarracín consiguió cambiarle el rostro a Lules en apenas tres años, ¿qué pasó durante la gestión anterior? ¿La ciudad estuvo años esperando una transformación que nunca llegó? ¿O estamos ante una sucesión de gobiernos que todavía no consigue resolver los problemas del municipio?

La propaganda puede construir titulares grandilocuentes pero se debe tener en cuenta la imagen que se muestra, como se titula y las palabras usadas porque utilizar mal estos elementos son un arma de doble filo.

El Estadio Único: recordar a Gallia es recordar esta promesa incumplida

Si hay un proyecto que permite medir la distancia entre los anuncios políticos y las obras concretas, es el famoso Estadio Único de Lules.

El proyecto fue impulsado durante la gestión del entonces intendente Carlos Gallia, actual legislador provincial, con el respaldo político que, según se anunció públicamente, brindaba el Gobierno provincial encabezado por Osvaldo Jaldo.

En agosto de 2022, durante la gestión de Carlos Gallia, se presentó un ambicioso proyecto que prometía ubicar a la ciudad en el mapa deportivo y turístico nacional.

No era una obra menor. Se anunciaba un estadio multipropósito con capacidad para entre 45.000 y 50.000 espectadores, estacionamiento para 10.000 vehículos, restaurantes, museo, albergue para jugadores y espacios destinados a actividades sociales, culturales y deportivas.

El propio Gallia hablaba de un emprendimiento capaz de cambiar la historia de Lules. También mencionaba el respaldo político del Gobierno provincial, encabezado por Osvaldo Jaldo, y la posibilidad de conseguir financiamiento nacional y aportes privados.

En febrero de 2023 se informó que los arquitectos José María Luciani y Pablo Campopiano entregarían el anteproyecto final. La obra, según se explicaba, todavía necesitaba avanzar hacia la licitación, conseguir financiamiento y completar las etapas técnicas necesarias.

Tucumán anunciaba la construcción de un nuevo Estadio Único para 50.000 personas.

Pero en mayo de 2023, se advertía que las obras no habían comenzado y que los plazos anunciados para avanzar hacia la licitación no se habían concretado.

Y desde entonces, la gran pregunta sigue en pie: ¿qué pasó con el Estadio Único?

No se trata solamente de preguntar por una maqueta o por unas imágenes que alimentaron la ilusión de los luleños. Se trata de conocer qué ocurrió con un proyecto presentado oficialmente, qué gestiones administrativas se realizaron, cuánto dinero se destinó a su elaboración y por qué nunca se materializó la construcción.

Marta Albarracín en la presentación del proyecto.

¿Quién pagó el anteproyecto? ¿Cuánto costó? ¿Hubo gastos en presentaciones, publicidad, difusión y trabajos técnicos? ¿Qué ocurrió con los terrenos que se anunciaban como disponibles? ¿Existió una búsqueda formal de financiamiento? ¿Se llamó a licitación?

Y, sobre todo, ¿dónde están hoy las explicaciones oficiales?

Son preguntas legítimas. No se puede anunciar una obra de semejante magnitud, instalarla en la agenda pública como un proyecto sin retorno y después dejar que el silencio haga el trabajo.

Dos gestiones, una misma deuda con los vecinos

El problema político de fondo es todavía más profundo.

Carlos Gallia estuvo al frente del municipio y posteriormente asumió Marta Albarracín, su pareja, quien continuó al frente de la administración municipal. Cambiaron los nombres de los cargos y las fotografías institucionales, pero muchas de las necesidades de Lules siguen apareciendo en los reclamos cotidianos.

Pozos, calles deterioradas, sectores que se anegan cuando llueve, malezas, problemas de mantenimiento, desagües y reclamos por servicios básicos forman parte de una realidad que los vecinos vienen señalando.

Calles deterioradas en Barrio Los Tarcos.

No alcanza con recuperar una plaza, pintar un cordón o mostrar una intervención puntual para hablar de una transformación integral.

Y aquí aparece la pregunta que atraviesa las dos administraciones: si Gallia prometió transformar Lules y Albarracín llegó para continuar ese camino, ¿por qué tantos problemas básicos siguen esperando respuestas?

Carlos Gallia, anterior intendente de Lules

Si esto es cambiarle la cara a la ciudad, cuesta imaginar cómo estaba antes.

Cuando la publicidad intenta tapar lo que la gestión no consigue mostrar

Otro aspecto que merece atención es la construcción de una imagen política alrededor de la intendenta.

Los aniversarios de gestión suelen convertirse en oportunidades para mostrar resultados. Es lógico que un gobierno comunique sus obras y decisiones. Lo que no resulta razonable es confundir comunicación institucional con promoción personal.

Cuando los elogios se multiplican, cuando las publicaciones parecen competir por quién celebra más y cuando los medios difunden títulos que parecen sacados de una campaña electoral, corresponde preguntarse qué lugar ocupa la información y cuál la publicidad.

Los fondos públicos destinados a publicidad oficial deben tener criterios transparentes, finalidad institucional y rendición de cuentas. Los vecinos tienen derecho a conocer cuánto se gasta, qué medios reciben pauta y bajo qué criterios se distribuyen esos recursos.

Los carteles publicitarios prometen una supuesta transformación y un idílico renacer urbano.

Porque la gestión debería hablar por sí misma.

Una calle pavimentada no necesita un titular exagerado. Una cloaca solucionada no necesita una campaña de elogios. Un barrio que deja de inundarse no necesita un ejército de publicaciones para demostrarlo.

Los resultados se ven y los vecinos los reconocen.

Y si para sostener la imagen de una administración hace falta multiplicar los elogios, quizás el problema no esté en quienes cuestionan, sino en lo que todavía falta hacer.

Lules necesita necesita respuestas

Después de tres años de Marta Albarracín y de la gestión anterior de Carlos Gallia, la discusión no debería reducirse a quién consigue más aplausos ni quién publica el mejor balance.

La discusión debe ser sobre las obras que se hicieron, las que quedaron pendientes y las promesas que nunca llegaron a convertirse en realidad.

El Estadio Único es un ejemplo demasiado grande para esconderlo debajo de una alfombra política. Fue presentado con dimensiones extraordinarias, proyecciones millonarias y promesas de desarrollo. Hoy, la ciudad todavía espera explicaciones sobre su destino.

Y mientras tanto, los vecinos siguen reclamando por cuestiones mucho más cercanas: calles en condiciones, desagües, mantenimiento, servicios y respuestas concretas.

No se puede vender como transformación lo que todavía no se resolvió. Tampoco se puede presentar como una nueva etapa lo que, en muchos aspectos, parece una continuidad de las mismas deudas.

Lules no necesita que le cambien la cara en una publicación. Necesita que le cambien la realidad en cada barrio.

Porque después de tantos anuncios, tantos discursos y tantos años de promesas, la pregunta ya no es quién le cambió el rostro a Lules.

La pregunta es mucho más simple y mucho más incómoda:

¿CUÁNDO VAN A CAMBIARLE LA VIDA A LOS LULEÑOS?