¿Dónde quedó aquel intendente que se mostraba como el rostro de la renovación política?

La política tiene memoria. Y aunque algunos dirigentes apuesten a que los ciudadanos olviden rápidamente, las fotografías, los discursos y las declaraciones terminan reapareciendo cuando menos conviene.

Por eso muchos se preguntan hoy:

¿Dónde quedó aquel intendente que se mostraba como el rostro de la renovación política?

Aquel que compartía asados con Mariano Campero, Roberto Sánchez y Sebastián Salazar, mientras imaginaba una gran coalición capaz de disputar el poder en 2027.

¿Dónde habrá quedado aquel intendente idealista que comía asados con Campero, con Sánchez, con Salazar y proyectaba un gran gobierno de coalición para 2027?Y decía que los más jóvenes tenían que jubilar a los Jaldo, Roque Álvarez yRuiz Olivarez?

Era el tiempo de las grandes definiciones. El tiempo en que aseguraba que una nueva generación debía ocupar el lugar de los viejos dirigentes.

El tiempo en que sostenía que los jóvenes debían «jubilar» políticamente a figuras como Osvaldo Jaldo, Roque Álvarez y Ruiz Olivares, a quienes señalaba como exponentes de una etapa agotada de la política tucumana.

Sin embargo, la realidad parece haber tomado otro camino.

Aquella rebeldía discursiva fue perdiendo intensidad.

Las críticas se hicieron más suaves. Los cuestionamientos desaparecieron. Y las fronteras políticas que parecían infranqueables comenzaron a volverse cada vez más difusas. La pregunta ya no es solamente qué pasó con aquel proyecto de renovación. La verdadera incógnita es qué ocurrió con las convicciones que lo sostenían.

Osvaldo Jaldo y Javier Noguera.

¿Cambió la realidad o cambiaron las ambiciones?

Porque cuando un dirigente construye su identidad política denunciando las prácticas de una generación y termina conviviendo cómodamente con ella, resulta inevitable que aparezcan las sospechas. No sobre su capacidad política, sino sobre la autenticidad de sus discursos.

La renovación dejó de ser una bandera para convertirse en una anécdota.

El recambio generacional quedó archivado junto a las promesas de transformación. Y aquellos dirigentes que debían retirarse de la escena parecen hoy más vigentes que nunca.

Quizás la explicación sea simple. Tal vez el problema nunca fueron los nombres que cuestionaba, sino la distancia que existía entre el discurso y la verdadera vocación de poder.

Porque en política hay algo que suele repetirse con frecuencia: algunos llegan prometiendo cambiar el sistema y terminan siendo cambiados por él.

Y entonces la pregunta vuelve a resonar con más fuerza que nunca:

¿Dónde quedó aquel intendente que decía venir a jubilar a la vieja política?