
La escena política de la provincia vuelve a encender las alarmas en el arco no peronista tras la escalada de tensión entre el diputado nacional Mariano Campero (Cambia Tucumán) y Lisandro Catalán, presidente de La Libertad Avanza en la provincia.
La pregunta obligada para el electorado ya no es solo quién encarna el cambio, sino quién le termina haciendo el juego a Casa de Gobierno.
La reciente denuncia judicial presentada por el concejal Mauricio Argiro —espada política de Campero— sobre supuestas maniobras de cambio de domicilio en bastiones clave como Yerba Buena, cayó como una bomba en el tablero local.
La acción no solo judicializó la disputa, sino que dinamitó en la práctica todos los puentes de unidad entre el camperismo y el armado libertario.
En este escenario de acusaciones cruzadas donde ambas facciones se señalan mutuamente como «funcionales» al oficialismo, las declaraciones de Ricardo Bussi sumaron combustible al debate. El legislador republicano remarcó una máxima no escrita pero milenaria de la política tucumana: el oficialismo provincial suele operar y financiar espacios opositores para atomizar la oferta electoral. Todo responde a la clásica premisa de Nicolás Maquiavelo: «Divide y reinarás».
Sin unidad opositora, la hegemonía del poder de turno no encuentra contrapeso real.
El dilema de la oposición en Tucumán
Las acusaciones cruzadas de financiamiento generan desconfianza en el votante no peronista. Ser funcional al esquema de poder no requiere necesariamente un pacto firmado. Basta con anteponer las batallas de egos, promover denuncias que rompan los canales de negociación y fragmentar el electorado en múltiples boletas.
El gran desafío, tanto para La Libertad Avanza como para el espacio de Mariano Campero, será demostrar en los hechos quién mantiene verdadera independencia de la Casa de Gobierno.
La moneda está en el aire: solo apelando al voto útil y estructurando una alternativa sólida la oposición podrá ofrecer una opción competitiva frente al peronismo tucumano. Mientras las disputas continúen en los tribunales y los medios, el oficialismo observa con tranquilidad cómo sus rivales hacen el trabajo pesado por él.



