
Hay fotos que envejecen mal. Y hay fotos que, con el paso del tiempo, se convierten en verdaderas postales de una determinada manera de hacer política.
En Tucumán, una de esas imágenes tiene como protagonista a Daniel Deiana: mate cocido distribuido en botellas de gaseosa y una cámara registrando la escena.
Ocurrió en plena pandemia, en agosto de 2020, cuando miles de tucumanos atravesaban una situación económica desesperante. La escena fue difundida en redes sociales y provocó cuestionamientos públicos por la utilización política de una acción de asistencia.
El episodio generó críticas incluso dentro del ámbito político y la publicación terminó siendo retirada, aunque las imágenes ya habían comenzado a circular.

¿Solidaridad o Marketing Político?
La pregunta resulta incómoda, pero necesaria.
¿Dónde termina la solidaridad y dónde empieza la propaganda?
Porque entregar un plato de comida, un vaso de mate cocido o cualquier asistencia a una familia que no tiene para comer puede ser un gesto solidario. Pero cuando aparecen las cámaras, las redes sociales y la promoción personal del dirigente, la escena adquiere otra dimensión. Y ahí es donde aquella fotografía se vuelve difícil de digerir. No por el mate cocido.
Por la utilización de la necesidad como escenografía política.

La Política de la Foto.
En aquellos días no había filtros ni grandes producciones audiovisuales. Había botellas de gaseosa reutilizadas, mate cocido y vecinos atravesando una situación económica crítica. Y también estaba la necesidad de mostrarlo.
La imagen terminó generando una pregunta que todavía conserva vigencia:
¿Cuánto de ayuda había y cuánto de campaña personal había detrás de aquella puesta en escena?
La pobreza no debería necesitar un fotógrafo.
El hambre no debería funcionar como contenido para las redes de ningún dirigente.
Y la solidaridad, si realmente es solidaridad, no debería necesitar una selfie política para existir.
EL ARCHIVO NO PERDONA
Con el tiempo, los dirigentes cambian de cargos, de discursos y de estrategias. Pero las imágenes quedan.
Y aquella postal de Deiana repartiendo mate cocido en botellas de gaseosa forma parte del archivo político tucumano.
Un archivo que sirve para recordar que, mientras algunas familias necesitaban algo tan básico como una bebida caliente, hubo dirigentes que encontraron en esa necesidad una oportunidad para mostrarse. La discusión nunca fue el mate cocido. La discusión fue la utilización política de la pobreza.
Y esa es una discusión que Tucumán todavía tiene pendiente.
Porque cuando un dirigente necesita mostrar la miseria de otros para construir su propia imagen, la pregunta deja de ser política y pasa a ser ética:
¿AYUDAR AL QUE MENOS TIENE O USAR AL QUE MENOS TIENE PARA PROMOCIONARSE?
La foto quedó.
La botella quedó.
Y el recuerdo también.



