Falleció Luis Brandoni. El actor, de 86 años, permaneció nueve días internado en el Sanatorio Güemes tras un accidente doméstico que le generó un hematoma subdural en la cabeza. Durante los últimos días su salud empeoró y murió durante la madrugada de este lunes 20. La noticia fue confirmada por Multiteatro a través de su cuenta de X.
A lo largo de su extensa carrera artística, Brandoni conformó elencos y películas que pasaron a la historia en el cine argentino. Es por eso que, a continuación, se conocerán las frases icónicas que esbozó el actor en varios de esos films que quedarán para siempre en el recuerdo colectivo.
Las mejores frases de Luis Brandoni
“Qué miseria, che. Qué miseria. ¿Sabés lo que tenían para comer? Tres empanadas», en Esperando la carroza.
“Ahí lo tenes al pelot….”, en Esperando la carroza.
“Le llenaron la cocina de humo”, en Cien veces no debo.
“¿Viste qué cara de honesto tiene? Me da una desconfianza…”, en Cien veces no debo.
“¡No me grités que no soy tu marido!”, en Esperando la carroza.
“¿Me querés decir para qué mierda sirve la honestidad si no tenés para comer?”, en Made in Argentina.
“En este país, si no sos un hijo de pu.., sos un bol…. Y yo no quiero ser ninguna de las dos cosas”, en Darse cuenta.
“El arte es un fraude, Renzo. Pero es el fraude más hermoso del mundo”, en Mi obra maestra.
“No hay nada más peligroso que un ignorante con iniciativa“, en Nada.
Luis Brandoni y la historia de las “tres empanadas”: una coupé japonesa en Lugano, la revelación del acomodador y el sticker del final que nadie recuerda
«Yo lo que quería era ser un actor argentino», repetía Luis Brandoni cada vez que le recordaban la frase más famosa que salió de su boca. La escena de las «tres empanadas» había sido escrita como una más del guión de «Esperando la carroza». Pero cuando las palabras tienen chispa, prenden rápido. En cuestión de horas empezó a meterse en la lengua popular y, con el torrente que le imprimieron las décadas, franqueó la frontera entre lo analógico y lo digital. Las tres empanadas fueron virales antes de la viralidad y es parte del legado cultural que dejó Brandoni, que murió esta madrugada a los 86 años.
Antonio Musicardi era uno de los cuatro hermanos que se trenzaron en esa interna familiar detrás de la anciana Mamá Cora. La historia -una obra de teatro del rumano uruguayo Jacobo Langsner llevada a la pantalla por Alejandro Doria- venía empaquetada con aparente costumbrismo, pero con ácidas capas de grotesco y una cuota de realidad que trascendía generaciones: hipocresía, ventajeo, cinismo, impostura de clase. Había en la familia Musicardi elementos reprimidos de cada familia argentina.
Ese clima es el que se desarrolla en la escena de las tres empanadas. «Es todo mano del autor», dijo Brandoni una de las tantas veces que habló sobre esos dos minutos que, a su modo, se hicieron eterno. La escena se rodó «cerca de Liniers», según recordaba el actor. En realidad, la filmación se hizo en Villa Lugano, en un barrio de casas bajas y monoblocks en la avenida Piedra Buena.
Con su hermano Sergio (Juan Manuel Tenuta), Antonio -«un canalla sobrenatural»- habían llegado allí buscando a Mamá Cora, a quien no encontraban por ninguna parte. Querían saber si estaba en la casa de Emilia (Lidia Catalano), la hermana Musicardi de peor situación económica. La entrada al barrio ya deja una frase para la posteridad. «Ahí lo tenés al pelotudo», le dedica Brandoni a Cacho, el adolescente que encarnaba Darío Grandinetti con camiseta de Boca, rulos maradoneanos y un dedo en la nariz.
Pero lo que importa acá es la salida, que ocurre dos escenas más tarde. Brandoni baja las escaleras de uno de los monoblocks grises, color cemento. Viene de traje y zapatos blancos, masticando y con una empanada en la mano. Se sube del lado del conductor a su auto deportivo Mazda RX-7, importado de Japón. Tenuta se incorpora por el lado del acompañante.
-Qué miseria, che. Qué miseria. ¿Sabés lo que tenían para comer?
-Empanadas
-Tres. Me partieron el alma. Tres empanadas que le sobraron de ayer para dos personas -dice mientras levanta tres dedos y da otro bocado-. Dios mío, qué poco se puede hacer por la gente.
La escena sigue con una discusión con Sergio que destapa el conflicto social y económico. «Vos tenés una pobreza digna», le escupe Antonio (Brandoni) entre los bigotes, con la boca llena.
Pero lo que quedaron fueron las tres empanadas, una «expresión muy penosa».
No hubo cálculo ni improvisación. «Estaba escrita», recordaba Brandoni, 40 años después, en todas las entrevistas que le hacían sobre el imperecedero éxito de «Esperando la carroza».
El momento exacto en el que Brandoni decide ir a buscar a Mamá Cora a la casa de Emilia, en Lugano. El momento exacto en el que Brandoni decide ir a buscar a Mamá Cora a la casa de Emilia, en Lugano.
«Es una frase de la que nadie se rio cuando la filmamos, nadie se dio cuenta», señalaba hacia el trasfondo social. «El tipo dice ’tres empanadas que sobraron del día anterior, qué tristeza’, y se estaba comiendo una. No se puede ser más canalla que eso. A los argentinos les causa gracia y se sienten representados por un canalla. Más canalla no puede ser mi personaje. Son características sociológicas nuestras», interpretaba el éxito de la frase.
«Lo hicimos sin pensar en la trascendencia que iba a traer. Es verdaderamente tremenda, de cinismo. Pero el rodaje de la película lo vivimos con alegría», seguía Brandoni.
A pesar de la naturalidad con la que se vivió en las calles de Lugano, el éxito popular de esos dos minutos no demoró en revelarse. La película se estrenó el 6 de mayo de 1985. El primer sábado, Brandoni, Doria y la productora Diana Frey recorrieron varios barrios para saber cómo estaba pegando la película. Fueron a la avenida Boedo al 800, donde estaba el «cine Boedo» (hoy un supermercado).
«Estaban los acomodadores afuera, esperando que terminara la película. Preguntamos si podíamos entrar. ’Sí, sí, adelante, adelante’, nos dijeron», relató Brandoni. «Yo camino a la sala y escucho a uno de ellos decir ’empanadas’. Giro y dije ’cómo, qué’. ’Empanadas’, repitió. ’No te entiendo, qué querés decir’. Y me dice ’Las empanadas’. Ahí me entere de que algo pasaba con eso».
Con el tiempo, el actor reveló que las empanadas eran de carne. Y también se detuvo en el final de la escena, con un detalle que -decía él- había pasado inadvertido.
«El final no es gracioso. Es un final que muy pocos recuerdan, una toma desde atrás del auto donde están y hay una crítica detrás de esa escena, una crítica a cómo somos», sostuvo.
El remate del que hablaba Brandoni es el cierre de la discusión de hermanos dentro del Mazda: cuando Sergio dice, enojado, que su hermana Emilia vive en la miseria, Antonio contesta que es «una miseria digna».
Mientras gesticula con la mano (y sigue comiendo la empanada), la cámara pasa a un plano frontal y un cambio de foco revela un sticker en el vidrio trasero del auto: la bandera argentina y la frase «Usted tiene derecho a vivir en libertad». Es el mismo panfleto que en 1982 había repartido en Malvinas la dictadura -con la que, por otro lado, Antonio, financista de profesión, parecía estar vinculado según alusiones a lo largo de la película-.
«La miseria no es digna, es una desgracia que cae sobre una familia o un grupo de gente. Darle dignidad a la pobreza es demasiado cínico», interpretó Brandoni los comentarios que su personaje hizo mientras avanzaba con su tentempié.
En los últimos años de su vida, con celebraciones (hasta un tour que recorría las locaciones de filmación), reestrenos y relecturas en teatro y cine, el actor explicó cuáles eran los sentimientos que le despertaba el fanatismo de los «carroceros».
Si bien bromeaba con que había hecho mucho más en su carrera que las «tres empanadas», ya tenía claro qué había pasado. La clave, explicaba, fue «haber acertado con una expresión distinta, nueva, que la hayan hecho propias particularmente los porteños y generalmente los argentinos».
«Me halaga haber interpretado a muchos argentinos en ese personaje, de una manera verdadera, que se la creen», dijo en retrospectiva. «Siento orgullo. Lo que quería era ser actor argentino, y eso me reafima mi condición de argentino», completó el también protagonista de otras frases icónicas como «Le inflaron el bombo» y «Le llenaron la cocina de humo» para referirse al embarazo de su hija en la película «Cien veces no debo», personaje que interpretaba Andrea del Boca.




