
Con el juicio oral por el crimen de Paulina Lebbos transitando su etapa decisiva, este jueves se desarrolló la undécima audiencia del proceso que busca esclarecer el asesinato ocurrido hace casi 20 años y que tiene como imputados a César Soto, señalado como presunto autor del homicidio, y a Sergio Kaleñuk, acusado por el delito de encubrimiento agravado.
En ese marco declaró Gustavo González, referente de la barra “La Inimitable” de Atlético Tucumán, quien brindó un testimonio cargado de definiciones sobre los acusados, referencias al contexto político de la época y fuertes críticas hacia la investigación inicial del caso.
Frente a los jueces Luis Morales Lezica, Gustavo Romagnoli y Fabián Fradejas, González rechazó cualquier vinculación de Soto con la barra brava y lo describió de manera despectiva.
“Era un manyín. Nunca fue parte de la barra brava”, afirmó el testigo al referirse al principal acusado por el crimen.
Durante su declaración, el jefe de la parcialidad de Atlético también relató cómo era el vínculo que mantenían con dirigentes y funcionarios de entonces. En ese sentido, recordó haber conocido a Sergio Kaleñuk en su rol de dirigente del club y aseguró que recibían entradas para los encuentros deportivos.
Según manifestó, a él y a sus hermanos les entregaban alrededor de 120 entradas por partido, las cuales luego distribuían.
González además señaló que en aquella época subsistía con un plan social otorgado durante la gestión del ex gobernador Julio Miranda, mientras complementaba sus ingresos con la venta de diarios.
En otro tramo de su testimonio recordó que Kaleñuk intervino en un conflicto que protagonizó la barra en Formosa, situación que finalmente logró resolverse.
Consultado por el presidente del tribunal sobre si tenía algún interés particular en el resultado del juicio, González respondió:
“Quiero que se haga justicia. Hace 20 años que nos quieren involucrar en esto”.
Posteriormente, al ser interrogado por el fiscal Carlos Sale sobre su relación con César Soto, el barrabrava volvió a marcar distancia con el imputado y sostuvo que nunca formó parte del núcleo de la hinchada organizada. Incluso relató un episodio ocurrido en un partido frente a Douglas Haig de Pergamino, en el que —según dijo— debió reprender físicamente a Soto tras un incidente vinculado a prendas que le habrían regalado a su hijo.
El testigo también aprovechó su paso por la audiencia para cuestionar duramente el accionar de los investigadores durante los primeros años de la causa. Con visible malestar, recordó allanamientos en su domicilio y afirmó que durante esas diligencias su hija fue dejada “sin ropa”. Asimismo, se refirió a las pericias capilares a las que fue sometido, asegurando que le extrajeron cabello en reiteradas oportunidades al punto de dejarlo “pelado”.
En ese contexto, González criticó el desarrollo de la pesquisa original y evocó el clima político de 2006, al señalar que incluso su madre pedía públicamente al entonces gobernador José Alperovich que no encubriera a ningún “hijo del poder”.
Tras su exposición fue el turno de Domingo Moyano, un taxista que declaró haber trasladado a tres personas en la madrugada del 26 de febrero de 2006 desde inmediaciones del entonces Casino, ubicado en Maipú y Sarmiento, hasta la zona del parque 9 de Julio. Según indicó, uno de esos pasajeros descendió en calle Estados Unidos al 1.200, sector donde reside César Soto, por lo que se presume que se trataría del imputado.
Con la etapa testimonial prácticamente concluida, el juicio ingresa en su tramo final. Para el próximo lunes fueron citados los últimos tres testigos pendientes y, posteriormente, comenzará la incorporación de pruebas periciales y testimoniales mediante lectura, en caso de que así lo soliciten el fiscal Sale o los defensores Roque Araujo y Patricio Char.
De no mediar modificaciones en el cronograma, durante esa misma semana podrían iniciarse los alegatos finales, paso previo al dictado del veredicto en uno de los procesos judiciales más emblemáticos y sensibles de la historia reciente de Tucumán.



