Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de la Concientización del Autismo. Pero más que una fecha en el calendario, es una oportunidad para reflexionar y transformar la mirada como sociedad.
«Hablar de autismo es hablar de diversidad. Es comprender que no hay una única forma de ser, de comunicarse», señala Dolores Pujol, miembro de la Fundación Ayuda para el Niño con Autismo (ANIA). «Durante muchos años, el autismo fue desconocido. En los 80, cuando fue diagnosticado mi hijo, no sé conocía prácticamente nada».
«Hoy hay más conciencia, pero no alcanza», expresa. «Aún hay prejuicios, barreras y, sobre todo, deudas pendientes. Porque la inclusión no puede ser solo un discurso: debe ser una realidad concreta, sostenida con políticas públicas, recursos y compromiso social.»
«Y hay algo que muchas veces queda fuera de la agenda: el futuro. ¿Qué pasa con las personas con autismo cuando crecen? ¿Qué pasa con los adultos? ¿Qué pasa con las familias que envejecen y siguen siendo el principal sostén? El autismo no termina en la infancia. Y, sin embargo, las respuestas muchas veces sí», manifesta.
Frente a esta realidad, surgen iniciativas que buscan dar una respuesta concreta y humana. Proyectos de viviendas asistidas para adultos con autismo, pensados no solo como un lugar donde vivir, sino como espacios de contención, desarrollo y dignidad.
«Estos (como el que lleva adelante en Yerba Buena Fundación ANIA con San Martín de Porres, el primero en su tipo) no deberían ser una excepción ni depender únicamente del esfuerzo de algunas familias. Deberían formar parte de una política pública clara, que garantice derechos a lo largo de toda la vida», apunta Dolores.
«Porque hablar de inclusión también es hablar de futuro, de tranquilidad, de saber que nuestros hijos van a estar cuidados, acompañados y respetados», enfatiza.
«Este 2 de abril no se trata solo de concientizar. Se trata de actuar. De exigir un Estado presente. De construir, entre todos, una sociedad que no deje a nadie afuera», concluye.




